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Capítulo 1164:
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Una vez más, el dolor del rechazo lo acompañó durante todo el día, y regresó a casa con la derrota pesando sobre sus hombros.
«Stephen, no te rindas», dijo Wendy con dulzura, deslizando su mano en el hueco de su brazo para consolarlo. «Aparte de la familia Payne, creo que todavía hay gente dispuesta a apoyar a los White y ofrecernos un salvavidas».
La fatiga reflejada en su rostro provocó una oleada de preocupación en el corazón de Wendy. En los últimos días, Stephen se había volcado en un esfuerzo incansable, tratando de mantener a flote a la familia White y buscando al mismo tiempo a Janice. Ya casi nunca volvía a casa, prefiriendo alojarse en un hotel más cercano a sus contactos comerciales para maximizar sus posibilidades. Hoy era una de las pocas ocasiones en las que había regresado a casa.
«¿Stephen? ¿Qué pasa?».
Wendy se dio cuenta de que Stephen se había detenido de repente, con los ojos muy abiertos, incrédulo.
Sus ojos siguieron los de él y se posaron en una silueta familiar: una mujer sentada con elegancia en la glorieta, bebiendo café como si fuera una escena de un sueño tranquilo.
Estaba tan radiante y elegante como siempre, con una sonrisa que era un bálsamo para el alma y cada uno de sus movimientos impregnado de un encanto tranquilo.
—Janice, ¿eres tú de verdad? —La voz de Stephen temblaba y agarró la mano de Wendy—. Wendy, por favor, dime que no estoy soñando. Esto no es solo un espejismo, ¿verdad?
—Es real. ¡Es Janice! —exclamó Wendy, con la voz llena de alegría. Los dos se apresuraron a acercarse.
A pesar de haber perdido la memoria, algo en lo más profundo de Janice aún conservaba un hilo de familiaridad. Sintiéndose un poco inquieta, había salido al mirador para prepararse un café.
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Sus manos se movían con gracia, como si la memoria muscular la guiara a través de un ritual que había realizado miles de veces.
—¡Janice!
¡Janice!
Sus voces sacaron a Janice de su tranquilo trance mientras tomaba café.
Janice se giró y su mirada se posó en un hombre y una mujer que estaban a pocos pasos de distancia. El hombre tenía un rostro amable y una presencia tranquila, mientras que la mujer irradiaba…
Encanto y sofisticación discreta. A pesar de la diferencia de edad, parecían estar en sintonía de forma natural, como dos partes de un todo armonioso.
«¿Quiénes son ustedes?».
Janice ladeó la cabeza, con los ojos nublados por la confusión. Stephen y Wendy se tensaron ante su respuesta.
«¡Soy tu hermano!».
«¡Y yo soy tu cuñada!».
¿Su hermano? ¿Y su cuñada?
Janice frunció el ceño. Buscó en lo más profundo de su memoria, pero su mente permaneció obstinadamente en blanco.
Aun así, había algo en ellos que le resultaba familiar, incluso reconfortante, y su instinto le decía que no tenían malas intenciones.
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