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Capítulo 1664:
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Al ver a Leonel quieto, Daniel le preguntó: -¿Todavía te molestan las piernas? Mamá dice que tienes que reducir la bebida».
Leonel sintió un tirón en el corazón.
Después de un momento, murmuró: «¿Le hago caso a tu mamá?».
Daniel no respondió. En cambio, suavemente tomó a Cordelia de los brazos de Leonel y la ayudó a dar unos pasos.
Aunque sólo fue un pequeño movimiento, Cordelia estaba extasiada.
Daniel comentó: «Nunca te cuidas. Por eso siempre te duelen las piernas y ni siquiera puedes sostener bien a mi hermana».
A Leonel se le hundió el corazón. Tras una pausa, preguntó en voz baja: «Si mis piernas nunca mejoran y me duelen para siempre, ¿querrías seguir llamándome papá?».
Daniel se volvió de repente y le miró.
Después de todo, Daniel era demasiado joven para ocultar nada. Así que le preguntó directamente: «¿Significa esto que siempre serás así?».
Leonel miró al niño pensativo.
De hecho, le habló a Daniel como si fuera un adulto, diciendo: «Tal vez».
Aunque Daniel era más joven que Evelyn, era más maduro que su hermana. Daniel miró atentamente las piernas de Leonel, como si estuviera a punto de hacer un anuncio importante. Tras una larga pausa, dijo en tono bajo pero firme: «Si es así, cuidaré de mis hermanas por ti».
Luego se volvió hacia la pequeña Cordelia y continuó jugando con ella.
A Leonel se le llenaron los ojos de lágrimas. No pudo evitar preguntarse si había cometido un error.
Después de todo, los tres niños eran tan entrañables.
Leonel se reunió con los niños para comer. Después de comer, volvieron a sus habitaciones para dormir la siesta. Por la tarde, Noreen llevó a Evelyn y Daniel a sus actividades de fin de semana, dejando a Leonel solo en casa para cuidar de la pequeña Cordelia.
La sirvienta se ofreció a ayudar, pero Leonel insistió en arreglárselas solo.
Al caer la tarde, el cielo estaba adornado con hermosas nubes.
Recibió una llamada de la oficina sobre algo importante y se dirigió al estudio para la discusión. La pequeña Cordelia estaba sentada en la alfombra, jugando sola en el dormitorio. Antes de dirigirse al estudio para atender la llamada, Leonel le había dado algunos juguetes para mantenerla ocupada.
Cuando un coche entró en el patio, Leonel estaba tan absorto en su llamada telefónica que ni siquiera se dio cuenta. Unos pasos resonaron en la escalera, cada vez más fuertes.
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