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Capítulo 1159:
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No insistió más. Sabía que la sirvienta llevaba años trabajando para Daisy y le era muy leal.
En otras palabras, no se chivaría.
A Albert le daba igual que Daisy estuviera o no en casa. De hecho, se sentía más a gusto cuando ella estaba fuera, pues no tenía que montar un espectáculo ni jugar con ella a juegos de alcoba.
Nunca habían consumado el matrimonio desde su noche de bodas.
Al principio, Albert pensó que era cosa suya. Así que tanteó el terreno con otras mujeres.
Resultó que aún lo tenía.
Sólo que no le gustaba Daisy.
Al subir las escaleras, Albert frunció el ceño, pensando por qué.
Daisy era atractiva, incluso sexy. Pero no le gustaba.
En cuanto abrió la puerta de la habitación, le golpeó como una tonelada de ladrillos.
Era por Jessie. Concretamente, ¡sus lágrimas!
Pensar en Jessie hizo que Albert se sintiera un poco triste. Se quitó la corbata, la tiró sobre la cama y se tumbó en el enorme colchón, inmóvil.
En aquel momento, añoraba sus días en Duefron.
Comparada con aquella, la vida aquí le parecía aburrida. El trabajo se acumulaba en la oficina y su mujer nunca parecía ir sin maquillaje, ni siquiera cuando dormía…
Empezaba a sentirse asfixiado, con la misma vieja rutina día tras día…
Con esa idea en la cabeza, Albert encendió un cigarrillo y le dio una calada.
Poco después, un pitido en la bandeja de entrada llamó su atención. Lo abrió y encontró un correo electrónico de Melissa.
No esperaba que Melissa estuviera trabajando hasta tarde, sobre todo en fin de semana…
Mientras Albert reflexionaba sobre la posibilidad de darle un aumento a Melissa, las últimas líneas de su correo electrónico le hicieron tambalearse.
¿Pasaba algo con la familia de Jessie?
Tras pensárselo un momento, Albert marcó el número de Melissa. Yendo al grano, preguntó sin rodeos: «¿Qué pasa con los Green?
¿La madre de Jessie… le pegó?».
Melissa había estado esperando su llamada, agarrando el teléfono con fuerza.
«¡Sí! ¡Jessie recibió una fuerte bofetada en la cara! Se fue con su madre, toda roja e hinchada».
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