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Capítulo 565:
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Se preparó para una confesión avergonzada o, tal vez, una disculpa.
En cambio, Gendry dio un paso atrás tambaleándose, con los ojos muy abiertos por una sorpresa inconfundible.
«¿Tú… estás embarazada?»
«¿Tú… estás embarazada?»
El mundo pareció tambalearse sobre su eje. El pulso de Gendry se aceleró; la palabra embarazada le sonaba casi extraña: era lo último que esperaba que Tessa dijera.
«Tessa, ¿me estás diciendo que estás esperando un hijo?»
«Por favor, no actúes como si no lo supieras», espetó Tessa, con la voz teñida de indignación.
Gendry se acercó un paso. «No. No lo sabía. Por supuesto que no». Todo el peso de la situación se abatió sobre él de golpe, y se le escapó una risa atónita y entrecortada. «Dios mío. Estás embarazada. Estás esperando a nuestro hijo».
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La alegría desbordante en sus ojos hizo que la visión de Tessa se nublara con lágrimas contenidas. «¿Cómo estás tan seguro de que es tuyo?»
La sonrisa de Gendry no se tambaleó. Levantó la mano y la posó sobre su mejilla; su tacto era cálido y dolorosamente familiar. «Porque sé que soy el único hombre que ha tenido ese privilegio, Tes».
«No puedes estar seguro de eso», replicó ella, ahora con voz más baja. «Llevamos dos meses sin vernos, Gendry. Quizá Kevin y yo…»
«Kevin y tú, nada». Gendry soltó una suave risa. «Sé que nunca hubo nada entre tú y Kevin. ¿Por qué crees que he venido aquí? Todo este tiempo creí que eras feliz y que tenías una relación con él. Pero hoy lo he visto y me ha dicho que vosotros dos nunca pasasteis de la primera cita. Que lo rechazaste porque sentías algo por mí».
El corazón de Tessa latía con fuerza. Lo dijo con tanta certeza que a ella le aterrorizó… porque tenía razón. Él siempre había tenido ese poder sobre ella, incluso cuando ella se negaba a admitirlo.
Se apartó bruscamente, y el aire frío le rozó el lugar donde acababa de estar su mano.
«Él no sabe eso», intentó argumentar.
«Me dijo que se lo habías admitido, Tessa. No hace falta que lo niegues». Gendry exhaló bruscamente, con un destello de urgencia en los ojos. «Me fui corriendo a casa, me duché y vine aquí tan rápido como pude. Pensé que saber que no estabas embarazada era la mejor noticia que podía recibir hoy, pero…». Su mirada se posó brevemente en su vientre, y la sorpresa iluminó aún más su expresión. «Pero entonces me cuentas esto, y… Dios mío».
«¿Así que Maya no te dijo nada?».
Gendry negó con la cabeza. «No».
Tessa tragó saliva con dificultad. Quería creerle, pero el momento le parecía una coincidencia demasiado grande. No se había molestado en ponerse en contacto con ella en dos meses, y sin embargo apareció de la nada justo el día en que ella descubrió que estaba embarazada. ¿Cómo no iba a significar eso algo?
«Fui un idiota», admitió Gendry, con la voz cargada de arrepentimiento. «No me di cuenta de ninguna señal. Nunca te dije lo que sentía de verdad allá en Jamaica». Dio un paso hacia ella, y su voz se volvió más cruda y sincera. «Ahora ya no hay nada que me frene. Tessa, te qu…»
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