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Capítulo 460:
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«—Besa a la novia», concluyó el oficiante, con tono humorístico.
El público estalló en vítores y risas, y se puso en pie para aplaudir. El beso se prolongó un poco más de la cuenta, lo que provocó silbidos juguetones y comentarios burlones, pero ni a Kris ni a Thalassa pareció importarles.
Cuando finalmente se separaron, sus frentes descansaban juntas y sus sonrisas irradiaban pura felicidad.
La recepción fue mágica. El sol se había puesto y las luces de colores colgadas sobre la pista de baile brillaban como estrellas. Las mesas estaban decoradas con centros de mesa de conchas marinas y velas titilantes, que proyectaban un romántico resplandor sobre la velada.
Después de las fotos, los recién casados fueron llamados para su primer baile. Mientras sonaba la suave melodía, Kris llevó a Thalassa a la pista de baile, con las manos firmes en su cintura. Se balancearon juntos, con movimientos lentos e íntimos, y su felicidad era contagiosa.
Una vez terminado el primer baile, Alden y Luisa fueron los primeros en unirse a la pista, seguidos por Zeke y Millie, y luego los demás. El ambiente se llenó de risas, sonrisas y el sonido de las copas tintineando.
Todo era perfecto hasta que el alboroto en la entrada llamó la atención de todos.
Kris se giró y apretó la mandíbula al ver a su tía Cynthia discutiendo con los guardias de seguridad. Su voz chillona resonaba por todo el salón. «¡No me lo puedo creer! ¿Sabéis quién soy? ¡Dejadme pasar!».
Kris se inclinó hacia Thalassa y le susurró: «Quédate aquí. Déjame encargarme de esto». Thalassa asintió con la cabeza, con preocupación en sus ojos, mientras Kris se dirigía hacia la entrada.
Cynthia lo vio y se enderezó. «¡Ah, Kris! ¿Te lo puedes creer? ¡Estos hombres intentaban impedirme entrar! ¡En la boda de mi propio sobrino!».
Kris la miró con expresión fría. «Estaban haciendo su trabajo, que es impedir la entrada a cualquier persona no deseada».
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Su rostro se descompuso. —¿No deseada? Soy tu tía, Kris. No puedo creer que te hayas casado hoy y ni siquiera me lo hayas dicho ni me hayas invitado. Me he tenido que enterar por otra persona.
La voz de Kris era firme, pero su tono tenía un matiz cortante. —¿Y por qué iba a invitarte? ¿Para que volvieras a faltarle al respeto a mi esposa? ¿O para que siguieras tratando cruelmente a mi hija?»
El rostro de Cynthia se descompuso. «Kris, por favor… Soy una persona nueva. Perdóname. Déjame entrar».
Kris negó con la cabeza. «No. No quiero tener nada que ver contigo, tía».
Las lágrimas corrían por el rostro de Cynthia mientras intentaba acercarse. «Por favor, Kris. No puedes… no puedes hacerme esto. Lo he perdido todo. Tu madre ha fallecido y los gemelos están en la cárcel. La casa está vacía. Me siento muy sola, Kris. No puedes abandonarme tú también».
La mirada de Kris se suavizó ligeramente, pero su determinación no vaciló. «Lo siento, tía, pero tú te lo has buscado. Fuiste parte de su crueldad. No voy a permitir que ese veneno vuelva a entrar en mi vida. Por favor, vete».
El rostro de Cynthia se sonrojó, en una mezcla de vergüenza y tristeza al darse cuenta de que todos la estaban mirando. Con las lágrimas aún corriendo por sus mejillas, se dio la vuelta y se alejó, con los hombros caídos en señal de derrota.
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