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Capítulo 898:
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Hizo girar el vino en la copa y se le escapó una risa cómplice. «Cariño, dime la verdad. No has llamado solo para charlar, ¿verdad? »
Se oyó un suave susurro al otro lado de la línea mientras Verena se movía y se acomodaba para estar más cómoda. Luego llegó su confesión, acompañada de un suspiro. «Me has pillado».
Su voz se apagó. «Miranda… desde que volviste, Luis ha cambiado. Todo el mundo ha estado hablando de vosotros dos. Llevamos siendo amigas demasiado tiempo como para que yo…»
…no te pregunte: ¿qué hay realmente entre tú y él? ¿No pensáis hacerlo oficial?»
Miranda se había preparado para la pregunta, pero el pesado lastre de la resignación seguía oprimiendo su pecho.
Se frotó la frente y negó con la cabeza, cansada. «Verena, quizá deberías preocuparte menos por mi vida y más por la tuya. Vas a tener un bebé… ¿y si el pequeño sale a ti y acaba siendo igual de entrometido? Además, es tarde. ¿No deberías estar descansando? ¿Dónde está Isaac en todo esto? ¿Aún no te ha arropado?»
La risa de Verena llegó a través de la línea, suave y burlona, entremezclada con un leve crujido de estática. «No puedo evitarlo. El bebé ha estado inquieto y, cuando estoy aquí tumbada despierta, mi mente se dispara. Isaac me ha dado diez minutos para llamarte antes de que me quite el teléfono y me obligue a dormir».
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Miranda esbozó una leve sonrisa al imaginárselo. «Ah… por cierto, se me había olvidado preguntarte. ¿Cómo te fue en tu última revisión prenatal?».
Verena se había perdido el lanzamiento del nuevo producto de Sampson Group por culpa de eso.
«Todo va bien», aseguró Verena con dulzura. «No te preocupes».
El alivio relajó los hombros de Miranda.
Pero Verena volvió al tema sin dudarlo. «Miranda, ya sabes cómo es Luis. Puede que se muestre frío, pero en el fondo es increíblemente terco. Mi padre incluso dijo que nunca le había visto preocuparse tanto por nadie antes».
Miranda bajó las pestañas, ocultando su silencio. La luz de la luna se colaba a través de las cortinas vaporosas, proyectando su sombra sobre la cama en una silueta larga y esbelta.
Sus dedos se deslizaron hasta el borde de su copa de vino, pero el frío del cristal no sirvió para despejar la niebla de su mente.
¿Hacerlo oficial?
Hubo un tiempo en el que se habría lanzado a cualquier aventura con Luis: esporádica, fugaz, no habría importado.
Pero ahora… ahora que él había puesto su corazón al descubierto, sus propios sentimientos se habían enredado en algo que ya no podía ignorar.
¿Era solo el deseo lo que la unía a él? ¿O se había enamorado ya, sin darse cuenta?
La pregunta la dejó paralizada en un silencio confuso.
Verena, intuyendo su vacilación, no la presionó. Simplemente esperó al otro lado de la línea, con la paciencia suficiente para darle a su amiga espacio para encontrar las palabras que aún no podía pronunciar.
Tras un largo silencio, Miranda por fin recuperó la voz. «Antes me sentía tranquila», confesó en voz baja, «porque creía que los dos éramos adultos. Lo que fuera que pasara entre nosotros no parecía más que un acuerdo mutuo y deseos compartidos».
Más allá de la ventana, las hojas de los plátanos susurraban bajo la luz de la luna; su inquieto aleteo se hacía eco de su inquietud. Algunas rozaron el cristal antes de caer en espiral, como si se llevaran consigo sus pensamientos.
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