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Capítulo 78:
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¿Si nunca recuperaba las fuerzas, ella se vería obligada a cargarlo así para siempre?
Mientras sus pensamientos se aclaraban lentamente, Isaac se dio cuenta de que ya estaba recostado en la cama del hospital.
Una vez que Isaac quedó acomodado en la cama, Verena sacó unas tijeras de su maletín y cortó con cuidado el dobladillo de sus pantalones de traje.
Para que el procedimiento funcionara correctamente, los pantalones no podían presionar sus muslos, ya que eso reduciría la efectividad del tratamiento.
Ante sus ojos, sus piernas bien proporcionadas quedaron a la vista.
Incluso después de múltiples sesiones, Isaac todavía se sonrojaba de vergüenza cada vez que sus piernas quedaban expuestas ante ella.
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Los primeros signos de atrofia ya eran visibles a lo largo de sus piernas.
Cerrando los ojos, Isaac apretó los puños contra las sábanas a los costados. Al notar su postura retraída, Verena guardó silencio y en cambio tomó las agujas de plata para iniciar el tratamiento.
Siguiendo su rutina habitual, le preguntó a Isaac sobre las sensaciones que experimentaba con cada aguja que colocaba.
Las respuestas fueron las mismas que antes.
Aun así, Verena se recordó a sí misma que apenas era el comienzo, y su confianza en poder curarlo se mantuvo firme.
En menos de media hora, la sesión llegó a su fin.
Mientras retiraba las agujas una a una, Verena repitió sus recordatorios de siempre. «Después del tratamiento, no te enfríes. Evita las corrientes de aire frío, y cuida bien tu alimentación. Nada de comida picante ni muy estimulante.»
Cuando su mano se movió hacia la aguja cerca de la raíz de su muslo, los dedos rozaron accidentalmente la piel de Isaac.
Sus ojos se alzaron, notando la zona todavía cubierta por la tela gris oscura de sus pantalones.
Con años de práctica, Verena sabía que los pacientes con parálisis en las extremidades inferiores a menudo también lidiaban con disfunción sexual.
Cuando se reencontró con Isaac después de regresar al país, él mismo había admitido que no podía funcionar como un hombre normal.
Deseaba abordar el asunto, pero juzgando por la fragilidad emocional de Isaac, sabía que otro momento sería más apropiado.
Isaac pudo haber perdido la sensación en las piernas, pero sus ojos no perdían nada. La directness de su mirada era imposible de ignorar. ¿Había descubierto por fin la realidad de su condición?
Un peso aplastante se instaló en el pecho de Isaac, dejándolo sin palabras para expresar su agitación interior. Con un movimiento brusco, intentó impulsarse hacia arriba desde el borde de la cama.
La dura realidad lo golpeó cuando los brazos le fallaron justo cuando había logrado incorporarse un poco, y cayó de vuelta sobre el colchón.
El ruido repentino sacó a Verena de sus pensamientos, y creyendo que solo quería levantarse, rápidamente lo ayudó a acomodarse en su silla de ruedas.
«La próxima vez avísame», dijo con delicadeza.
Con la cabeza gacha, Isaac murmuró en voz baja: «Gracias.»
Su asistente lo llevó al vestidor para ayudarle a ponerse un par limpio de pantalones de traje.
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