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Capítulo 740:
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Los labios de Miranda esbozaron una sonrisa y sus ojos se curvaron en forma de media luna, rebosantes de alegría. «Paciencia, señor Sampson. Las cosas buenas no maduran con prisas. No nos precipitemos».
Se levantó sin prisas y se deslizó hacia la vitrina de vinos.
Tras elegir una copa de cristal transparente y una botella de vino de añada, regresó.
De pie ante él, sonrió. «Este vino ha llegado en avión desde Clokron. Una añada poco común: rica, aromática y difícil de conseguir por aquí. Creo que será de su agrado».
Sirvió con delicadeza, y el líquido rubí reflejó la luz.
Luis inclinó la cabeza en señal de reconocimiento y aceptó la copa. Sus dedos se rozaron —una chispa involuntaria, fugaz pero potente—, aunque su expresión no cambió.
Aun así, las preguntas se agolpaban en su interior. ¿Se trataba realmente de una reunión de negocios?
Hizo girar la copa lentamente, estudiando su color intenso como si lo admirara, mientras calmaba en silencio la inquietud que sentía en su interior. Por fin, comentó con tono firme: «Extraordinario. Está claro que lo has elegido con esmero».
Dio un sorbo y las ricas matices se extendieron por su lengua.
Miranda volvió a sentarse y, luego, instintivamente, se inclinó hacia él.
Sus ojos, sin disimulo alguno, lo recorrían abiertamente. Cada gesto sutil —desde el ángulo de su muñeca hasta la presión de la copa contra sus labios— parecía cautivarla.
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Su sonrisa se hizo más amplia y entrecerró los ojos con deleite. Esto era más que vino. Era teatro, y él era la estrella. Y vestido como un estudiante, tocaba exactamente la fibra que la conmovía.
Luis sintió que el sofá se movía cuando Miranda se acercó un poco más, y el aroma a jazmín lo envolvió como un susurro.
Cuando se giró, el pelo de ella le rozó la manga, con mechones que caían en cascada como seda fina, añadiendo intensidad al momento.
Una leve sequedad le oprimió la garganta. Se recompuso, alzó la mirada y se encontró con la de ella. «Señorita Brown, ¿hablamos de negocios?».
La pregunta no hizo más que avivar la chispa juguetona de sus ojos.
Inclinándose hacia delante deliberadamente, dejó que su cabello se derramara sobre su pecho, con la mirada suave pero firme mientras se clavaba en la fría mirada de él. Por un instante fugaz, los recuerdos de su antigua cercanía destellaron en su mente.
Su pulso se aceleró al recordar la calidez de sus ojos durante aquellos momentos íntimos.
Extendió la mano, y sus dedos esbeltos se deslizaron ligeramente sobre el dorso de la mano que sostenía su copa.
Desde sus nudillos marcados, trazó un recorrido hacia arriba, lento y deliberado.
Cada roce era una chispa que avivaba una llama que amenazaba con arder con más fuerza.
—Señor Sampson —murmuró ella, con una voz que era un señuelo sedoso—, ¿no es agotador precipitarse en los negocios? A veces, deberíamos relajarnos y disfrutar del momento.
La expresión de Luis permaneció imperturbable, con los ojos tranquilos como un lago al amanecer, pero por dentro el fuego ya ardía con fuerza. Su nuez se movió involuntariamente; apretó con más fuerza la copa.
Al observar su sonrisa juguetona y escuchar su tono melodioso, se dio cuenta —una vez más— de que había caído voluntariamente en la trampa de Miranda.
Luis entrecerró los ojos; un atisbo de indulgencia le destelló en la mirada antes de que lo disimulara rápidamente. «Señorita Brown, ¿no está cansada de jugar siempre la misma carta?».
Su tono tenía un matiz burlón, pero ni una pizca de sarcasmo.
Miranda percibió la calma ensayada en su rostro, y la diversión le bullía en el pecho.
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Nota de Tac-k: Pasen una muy agradable mañana lindas personitas. Dios les ama y Tac-k les quiere mucho. (─‿‿O)
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