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Capítulo 635:
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El silencio se prolongó hasta que Verena finalmente lo rompió, con voz aguda y cortante. «Lo habéis visto con vuestros propios ojos, ¿verdad? Pertenezco a la familia Sampson. Luis Sampson es mi hermano. Vosotros nunca habéis sido mi familia, no por sangre».
La mirada que dirigió a Alec y a Laura fue, sencillamente, gélida. Cualquier atisbo de reconciliación se había desvanecido, dejando en su lugar solo años de traición y rabia.
«Así que decidme: ¿cómo me alejasteis de la familia Sampson hace tantos años?». El tono de Verena rezumaba acusación, con la ira a punto de desbordarse.
«Harías bien en confesar ahora mismo. Porque si no lo haces, ni la familia Bennett ni la familia Sampson lo perdonarán jamás».
Laura se tambaleó, con la mente dando vueltas por la conmoción y el resentimiento. Nunca había imaginado que pudiera criar a una niña para luego descubrir que, en realidad, siempre había pertenecido a otra persona.
Los pensamientos de Laura se sumieron en el caos. ¿Podía ser cierto que hubiera pasado todos estos años criando a la hija de otra persona?
Cuanto más le daba vueltas, más opresivo se le hacía el pecho, como si una piedra se hubiera asentado allí y se negara a moverse. La amargura la carcomía, alimentando una creciente renuencia a aceptar la verdad.
Pero cuando levantó la vista y se encontró con la mirada inquebrantable de Verena, un escalofrío le recorrió el cuerpo. El miedo sustituyó hasta la última pizca de rebeldía.
Tanto la familia Sampson como la Bennett poseían un poder que ella no se atrevía a desafiar. Si Verena creía de verdad que la habían robado, las consecuencias serían catastróficas.
Impulsada por la desesperación, Laura se abalanzó hacia delante, con las palabras saliéndole a borbotones. «Verena, te juro que no sé de qué va todo esto. ¡Tú eres la hija a la que di a luz! Si dudas de mí, comprueba los registros. Fue en el Hospital Plentlight, el año en que naciste. Nunca me llevé al hijo de otra persona, ¡te lo juro!«
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Alec, por su parte, se ahogaba en su propia tormenta de emociones. La frustración le latía en el pecho hasta el punto de que le dolía respirar. La rabia le quemaba el rostro, y el pecho se le oprimía con una mezcla de arrepentimiento y renuencia que lo dejaba inquieto.
La idea le carcomía: ¿cómo podía ser que la chica a la que había criado todos estos años resultara pertenecer a otra persona?
Todos esos sacrificios, todo ese tiempo… ¿no habían sido más que un esfuerzo en vano?
Los recuerdos de lo frío y desdeñoso que había sido con Verena le golpearon como una navaja, y una punzada de pánico se le clavó profundamente en el corazón.
A continuación, la realidad del poder de la familia Sampson se le echó encima. No solo eran influyentes: eran intocables.
Si las cosas no se hubieran ido al traste entre ellos y Verena, quizá habría habido oportunidades de forjar lazos aún más fuertes a través de ella.
Por primera vez, Alec se admitió a sí mismo que se habían acorralado a sí mismos.
Si pudiera volver atrás en el tiempo, habría tratado a Verena de forma muy diferente.
Un profundo suspiro se le escapó. Los resultados de las pruebas no dejaban lugar a la negación, pero él se aferraba a la obstinada idea de que ella seguía siendo su hija.
A sus ojos, Verena era extraordinaria. Su belleza, su talento, su fuerza… cada parte de ella la hacía única.
Lo dijera en voz alta o no, Alec siempre había contado con ella para que fuera el pilar que llevara a la familia Willis hacia el futuro.
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