✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 603:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Verena le escudriñó la mirada, convencida de que estaba bromeando, pero no había nada juguetón en sus ojos.
Un largo silencio se tendió entre ellos. Luego, con una mezcla de burla y genuina curiosidad, preguntó: «Isaac, ¿desde cuándo te gusta este tipo de cosas?»
No tuvo oportunidad de escuchar su respuesta.
Isaac capturó sus palabras con la boca y la besó con intensidad. Su mano se deslizó en su cabello, sosteniéndola cerca; su toque cargado de un anhelo urgente.
Ú𝗻e𝘁𝘦 𝗮 𝗺i𝘭е𝘴 𝘥e 𝖿𝘢𝗻𝗌 𝗲𝘯 𝗇𝗈𝘃𝘦𝗅𝘢ѕ4𝗳𝗮𝘯.с𝗈m
Sus protestas se disolvieron, tragadas por sus labios.
El hambre que sentía por ella era abrumadora; una fuerza que la dejó sin aliento e inestable entre sus brazos.
Verena presionó las palmas contra el pecho ancho de Isaac, intentando hacer una pausa y recuperar el aliento. Pero en el momento en que intentó retroceder, él se inclinó hacia adelante con una insistencia ansiosa. Sobresaltada, sus cejas se fruncieron y un suave gemido se escapó de sus labios.
La mirada de Isaac era impenetrable. En lugar de darle espacio, se acercó más; sus brazos se apretaron alrededor de su cintura, sin dejarle una salida fácil.
Sus besos caían suaves, uno tras otro, envolviendo la habitación en ternura, como si el romance tranquilo se hubiera filtrado en las paredes mismas.
Para cuando por fin bajaron a desayunar, el sol ya había subido alto; rayos dorados derramándose por las altas ventanas y bañando la sala en calidez.
Después de la cercanía de esa mañana, Isaac no dijo nada sobre la noche anterior.
Su expresión y sus maneras no mostraban ningún cambio, como si lo que había pasado no fuera más que un sueño pasajero.
Verena, sin embargo, seguía intranquila. La noche anterior casi se había desmoronado; sus lágrimas empapando su ropa.
Conocía bien a Isaac. No era el tipo de hombre que ignorara su pena, ni quien se escondiera detrás de la indiferencia. Y sin embargo ahí estaba —callado, sin hacer una sola pregunta, sin mostrar siquiera curiosidad.
¿Por qué?
Sus pensamientos se enredaban, derivando sin querer hacia la noche anterior.
Recordaba vívidamente la tristeza en sus ojos cuando hablaba de su padre fallecido; el remordimiento grabado en cada palabra. Durante meses, había cargado esa tortura, marcándose a sí mismo culpable del accidente que le había arrebatado a su padre.
Pero ahora la marea estaba cambiando.
Si alguna vez descubría que la raíz de esa tragedia lo llevaba de vuelta a ella, ¿cómo la miraría entonces?
¿Con acusaciones amargas? ¿O con un abismo de silencio tan amplio que ningún puente pudiera cruzarlo?
Verena no se atrevía a seguir ese pensamiento, y aun así sabía que algunas verdades se negaban a quedarse enterradas.
Apretó los labios antes de finalmente romper el silencio.
Alzando la mirada, habló en voz baja. «Isaac, ¿no me vas a preguntar qué pasó ayer? ¿No quieres saber por qué dije ‘lo siento’?»
Sus palabras le apagaron los ojos al instante, como nubes tragándose la luz de las estrellas.
Bajó la cabeza; los hombros se le encorvaron levemente.
La verdad era que quería saber. La curiosidad lo carcomía, pero el miedo era un compañero más cruel.
Temía los detalles; temía cada palabra como una hoja lista para abrirse paso en su corazón.
No podía soportar enterarse de por qué había llorado por otro hombre.
.
.
.