✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 598:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
La confusión cruzó el rostro de Ivan. Se frotó la barbilla distraídamente, perdido en sus pensamientos, con el ceño apretado mientras intentaba encajar las piezas.
Después de un momento, habló con la voz vacilante y teñida de duda. «Esos ojos… me resultan familiares de alguna manera…» Se quedó a medias, buscando en su memoria la conexión.
A su lado, el estado de ánimo de Verena cambió al instante.
Sus ojos destellaron con una furia repentina y sus palabras cortaron como cuchilla. «Ese es Carl.»
No había manera de confundir esos ojos.
Mirando fijamente la figura encubierta en la pantalla, los puños de Verena se apretaron con tanta fuerza que las venas se le marcaron en las manos.
Antes, quizás habría dudado de sí misma. Identificar a alguien solo por un par de ojos habría parecido imposible. Pero después de ver a Carl en las grabaciones de vigilancia del hospital en Clokron, nunca podría olvidar esa mirada helada y depredadora que se le había grabado en la memoria.
Incluso con el rostro oculto bajo capas de vendas y solo esos ojos visibles, Verena sabía que era Carl. Reconocería esa mirada en cualquier parte, sin importar el disfraz —aunque no fuera más que una silueta.
La expresión de Ivan se tensó; la preocupación quedó grabada en cada línea de su rostro. «¿Sigo investigando, Verena?»
Ella sacudió la cabeza; la mandíbula apretada; cada palabra deliberada. «No hace falta seguir buscando. El hombre en ese coche es Carl. El accidente de Isaac —él está detrás de eso.»
Sus hombros se vencieron mientras se levantaba de la silla; el rostro pálido y ausente.
ո𝗈𝘷e𝗅𝖺𝘀 𝗍𝗲𝗇𝖽𝗲n𝘤iа 𝖾𝗇 𝗇𝗈𝘷𝖾𝘭𝗮𝘀𝟦𝘧𝖺𝘯.cо𝘮
Una pesadumbre le nubló los ojos mientras bajaba la mirada; la culpa y el arrepentimiento se le echaron encima como una marea, amenazando con arrastrarla.
Las manos de Verena se cerraron con tanta fuerza que las uñas se le clavaron en la piel, dejando medias lunas pálidas en las palmas, pero apenas registró el dolor.
Una vorágine de recuerdos le cruzó la mente, acosada por una voz silenciosa que no la dejaba descansar.
Intentaba no creer en el destino, pero a veces se preguntaba si el universo la había escogido a ella para el sufrimiento.
No recordaba un momento en que de verdad se hubiera sentido querida.
Su infancia no había sido más que indiferencia fría —padres cuyo amor siempre parecía pertenecer a otra persona. Ese vacío la había dejado hueca, incapaz de encontrar calor ni siquiera en su propio hogar.
Su hermana la trataba como rival; cada maquinación era una traición que cortaba más hondo que la anterior.
Hasta su hermano nunca le había tendido la mano con amabilidad, manteniéndola a distancia como si fuera una extraña en su propia familia.
Solo su abuela le había ofrecido un destello de consuelo —la única persona que alguna vez la había hecho sentir segura. Y sin embargo, incluso ese consuelo le había sido arrebatado por la tragedia; una de la que Verena no podía evitar sentirse responsable. El dolor de esa pérdida seguía alojado profundo dentro de ella, y ahora la culpa pesaba más que nunca. El padre de Isaac muerto, Isaac perdiendo la capacidad de caminar —todo parecía rastrearse hasta ella.
Cada recuerdo le oprimía el pecho, volviéndole casi imposible respirar.
Una voz implacable en su mente insistía en que nada de eso habría ocurrido si no fuera por ella.
El sufrimiento de todos, al final, era su carga.
.
.
.