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Capítulo 549:
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Acercándose, Isaac dejó la leche con cuidado, el calor del vaso persistiendo en su palma.
Extendió la mano, tocando levemente la punta de su nariz. «Te metes tanto en el trabajo que me preocupa que olvides que tu esposo también necesita atención» —bromeó.
Verena se rió, poniéndose de pie y moviéndose con facilidad para acomodarse en su regazo.
Con ambas manos, enmarcó su rostro y presionó un beso en sus labios. «¿Olvidarte? Jamás. ¿Cómo podría ignorar a mi encantador esposo?»
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La respuesta juguetona hizo que el pecho de Isaac se apretara de felicidad, aunque mantuvo un tono sincero. «No es todo lo que me preocupa. No deberías exigirte tanto. Las noches de desvelo no son buenas para ti, especialmente ahora.»
Sus ojos se suavizaron, y Verena asintió. «Lo sé. Esta noche no es nada complicado, solo un poco de papeleo para dejar listo.»
Aun así, la preocupación de Isaac no se desvaneció. Sintiendo su inquietud, tomó su mano, guiándola para que descansara en su cintura, su voz tomando un tono juguetón. «Siento la espalda un poco tensa. ¿Crees que podrías darme un masaje?»
En el momento en que lo pidió, la expresión de Isaac cambió a una preocupación suave, y comenzó a trazar círculos cuidadosos contra su espalda baja. Sus manos eran firmes y tiernas, como si ella fuera algo frágil y querido para él.
«Lamento que te sientas incómoda» —susurró Isaac, su voz baja.
El dolor de espalda de Verena tenía algo de verdad, aunque lo exageraba más de lo necesario. El embarazo frecuentemente traía un dolor sordo en la columna lumbar, pero aún estaba en etapas tempranas, y la tensión no había crecido lo suficiente como para molestarla de verdad.
Con una sonrisa radiante, respondió: «Pensar en nuestro bebé hace que todo se sienta fácil.»
Las manos de Isaac se movían con habilidad practicada, aliviando la tensión de su espalda baja.
Verena se acurrucó más cerca, derritiéndose en su calor mientras escuchaba el constante latido de su corazón. La paz suavizó sus facciones.
Por un momento, ninguno de los dos habló, e Isaac comenzó a pensar que se había quedado dormida. Luego, de la nada, ella dijo: «Hoy pasó algo en el hospital. Luis apareció y armó un escándalo.»
El nombre de Luis quedó suspendido en el aire.
Isaac frunció el ceño. Primero, Luis había intentado obtener el número de Verena. Luego presionó por una asociación con el Grupo Bennett. Y ahora estaba causando problemas en su lugar de trabajo.
Ante el pensamiento, el semblante de Isaac cambió al instante, sus ojos volviéndose fríos y afilados. «Claramente he sido demasiado paciente con él» —murmuró.
Sintiendo la tensión en su voz, Verena le dio un suave apretón en la mano. «No nos quedemos pensando en Luis. No hizo nada serio—solo les gritó a un par de enfermeras. Lo que me llamó la atención fue cómo reaccionó Simon.»
La curiosidad parpadeó en los ojos de Isaac. «¿Qué hizo?»
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