✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 515:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Sin perturbarse al ser descubierta, Verena desvió su atención, solo para notar su mano, como la suya, tamborileando levemente contra la ventana con el mismo ritmo ocioso.
Luis pareció notarlo también, y su ceja se levantó apenas perceptiblemente.
Sus miradas se encontraron de nuevo en el espejo. Un segundo. Dos segundos. Tres segundos después, ambos dejaron aparecer una sonrisa leve.
El semáforo se puso verde.
𝖱o𝗺𝖺𝗻cе i𝗇𝘁е𝗇s𝗼 𝖾ո 𝗇𝗈𝘃e𝗹a𝘀𝟦𝘧𝗮n.𝖼𝘰m
Verena desvió la mirada del espejo retrovisor, pisó el acelerador, y el auto se deslizó hacia adelante con calma constante. Mujeres como ella—agradables a la vista y gratas en compañía—eran una rareza. Los ojos de Luis se detuvieron, bebiéndola. «Eres muy bella.»
Verena, con los ojos fijos en el camino, lo aceptó sin el menor azoramiento. «Gracias. Tú tampoco estás nada mal.»
Por el espejo, Luis atisbó su expresión serena e inquebrantable—sin rastro de sorpresa, ni siquiera un parpadeo. Su estabilidad despertó su curiosidad.
La mayoría de las mujeres que había conocido parecían echar mano de las mismas tres respuestas predeterminadas cuando el elogio llegaba. Algunas usaban falsa modestia, agitando las manos, diciendo: «Oh, para nada.» Otras se inclinaban hacia la arrogancia, con el mentón levantado, diciendo: «Por supuesto.» Las demás, secretamente emocionadas, cubrían su deleite con una sonrisa cortés.
Rara vez se encontraba con alguien como esta mujer—sin vergüenza de aceptar un elogio, lo suficientemente amable para devolver uno, pero completamente desprendida, sin rastro de vanidad ni adulación.
Los labios de Luis se curvaron levemente, la admiración profundizándose. Era su primer encuentro, y sin embargo conversar con ella ya se sentía tan fácil como respirar.
Por impulso, Luis sacó su teléfono, inclinándose ligeramente hacia adelante. «Señorita, ¿le importaría si intercambiamos información de contacto?»
Verena levantó las pestañas, lanzándole una mirada plana por el espejo. «Para nada. Estoy casada.»
Luis hizo una pausa un instante, y luego la verdad lo golpeó—ella lo había malinterpretado. Una sonrisa silenciosa tocó sus labios. «No me malinterprete. No de esa manera. Solo esperaba hacer un amigo.»
Verena había escuchado esa excusa más veces de las que podía contar. Un pretexto manido—sin embargo, no esperaba que el líder del inframundo de Akoitha se rebajara a uno tan torpe.
Su risa fue suave, pero sus palabras fueron cortantes. «No me pareces un mentiroso. Pero la credibilidad de esa línea: cero.»
Rechazado, pero Luis no dio señal de retroceder—sin vergüenza, sin torpeza. Guardó el teléfono y asintió levemente. «Entonces no insisto.»
Verena ofreció la más leve de las sonrisas, nada más. El silencio se posó como un velo sobre el auto.
Pronto, el destino apareció a la vista. Verena guió el auto suavemente hacia la orilla, y luego abrió los seguros. «Aquí llegamos, señor—Restaurante Nandita.»
Luis abrió la puerta y bajó. Rodeando hasta el lado del conductor, sacó una tarjeta negra del bolsillo interior de su abrigo. Negro mate, grabado con patrones intrincados, la tarjeta llevaba un peso regio y misterioso—cada centímetro de ella una declaración de poder y riqueza.
Se la entregó a Verena. «Su propina—diez millones adentro. Contraseña: seis ceros.»
.
.
.