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Capítulo 43:
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Los ojos de Isaac se bajaron a la mano delicada que descansaba sobre la suya. El calor le traspasó la piel, viajando hacia arriba hasta llegar al pecho y alojarse en el corazón.
Esas palabras parecieron envolverlo como un bálsamo, haciéndole apretarse la garganta mientras murmuraba: «Gracias.»
Verena respondió con una pequeña sonrisa. «Ya me has dado las gracias suficientes. No tienes que ser tan formal.»
Luego regresó a su tarea, colocando más agujas como parte del tratamiento.
Después de cada inserción, verificaba su respuesta, repitiendo la pregunta con cuidado. Aunque sus respuestas nunca cambiaban, él se sentía más tranquilo, más dispuesto a enfrentar la verdad de su condición.
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Cerca de media hora después, comenzó a retirar las agujas. «Este proceso toma tiempo,» explicó. «Vas a necesitar dos o tres sesiones a la semana. Ya escribí la receta. Tu asistente puede conseguir las hierbas en una tienda especializada en medicina tradicional. Te iré mandando actualizaciones conforme avance tu recuperación.»
Desde el lado, Cayden había observado cada paso. La confianza en su técnica y su actitud compuesta lo obligaron a admitir que quizás había subestimado sus habilidades. Aun así, algo en ella lo perturbaba. Su voz cargaba un tono que le jalaba la memoria, despertando una extraña sensación de familiaridad.
Cuando Verena terminó de guardar las últimas agujas y sus instrucciones, Cayden por fin habló. «Señorita Willis, ¿nos hemos visto antes?»
Verena estudió a Cayden por un momento, con una chispa de curiosidad en los ojos. Después de una breve pausa, confirmó su respuesta. «No, nunca nos hemos visto.»
El ceño de Cayden se tensó levemente. El sonido de su voz removía algo en él, pero le costaba recordar dónde la había escuchado. Una vez que ella negó la conexión, no insistió. En cambio, dio un corto asentimiento y avanzó para ayudar a Isaac de vuelta a su silla de ruedas.
«Pareces bien,» comentó Cayden. «Pero acabo de recibir una llamada urgente del hospital, así que tengo que irme.»
Isaac asintió y dijo: «Anda.»
Cuando Cayden salió, el silencio se instaló en la habitación, dejando solo a Isaac y Verena.
El silencio se rompió cuando el teléfono de Isaac vibró con fuerza sobre la mesa.
Mirando la pantalla, lo tomó. «¿Mamá? ¿Qué pasa?»
Al otro lado, la voz de Danica llegó firme y clara. «Tengo noticias. La boda con Verena está programada para el mes que viene.»
La expresión de Isaac se tensó, su disgusto por el tono dominante de ella escrito claramente en su rostro.
Sin darle oportunidad de responder, Danica insistió. «Recuérdate del panorama más amplio. Sé muy bien que no te interesa Verena, pero la familia Bennett no puede permitirse tu resistencia. Recuerda quién eres: eres un Bennett. Eso implica sacrificios. Aunque se sienta injusto, lo soportarás por el bien de la familia.»
Sus palabras cerraron cualquier espacio para el argumento.
Isaac tragó saliva, respondiendo en voz baja: «Lo entiendo.»
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