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Capítulo 272:
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Sus palabras se asentaron en los pensamientos de Danica. Si Katelyn de verdad tenía la capacidad de sanar a Isaac, quizás eso añadiría una capa extra de seguridad.
Con un leve suspiro, Danica respondió: «Katelyn, esta no es una decisión que yo pueda tomar sola. Tendré que preguntarle a Isaac qué piensa.»
La sonrisa de Katelyn se iluminó, dulce y cálida. «Con eso me basta.»
Tras la partida de Katelyn, Danica le pidió al conductor que se dirigiera directamente a la empresa.
En su oficina, Isaac estaba inclinado sobre una pila de contratos cuando sonaron unos golpes en la puerta. Levantó la vista y preguntó: «¿Mamá? ¿Qué te trae por aquí?»
Danica cruzó la habitación y se sentó en el sofá con movimientos vacilantes. Desde el accidente, los momentos a solas con él se habían vuelto escasos, y las palabras que quería decirle solían morir en su garganta.
Llenó el silencio con preguntas triviales: si estaba cansado, qué había comido para el almuerzo.
Isaac respondió a cada una sin quejarse, pero antes de que ella pudiera continuar, la interrumpió: «Mamá, de verdad necesito volver al trabajo.»
Aclarándose la garganta, Danica empujó la conversación hacia adelante. «Es sobre Katelyn. Acaba de regresar del extranjero y me visitó hace un momento. Dice tener experiencia con casos como el tuyo y… creo que podría ser capaz. ¿Considerarías dejarla intentar tratarte?»
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Isaac no vaciló ni un instante después de escucharla. «No. No hace falta.»
Danica se inclinó hacia adelante, sin querer ceder tan fácilmente. «Pero si probaras con un médico diferente, podría abrirte otra puerta hacia la recuperación…»
Con un golpe seco, la mano de Isaac aplastó los documentos contra el escritorio. Su tono descendió, helado y afilado. «Verena ya me está tratando y confío en ella plenamente. Bajo su cuidado he ido mejorando. No necesito a nadie más, ni lo quiero.»
Lo que no expresó en voz alta era la verdad más profunda: no quería ningún vínculo con Katelyn, ahora ni nunca. Lo último que tenía intención de hacer era crear fricción con Verena.
Ante su postura inflexible, Danica sintió que sus argumentos se desvanecían.
Intercambiaron algunas palabras más antes de que ella finalmente se pusiera de pie y saliera de la oficina.
De regreso en el coche, sacó el teléfono y marcó el número de Katelyn. «Katelyn, hablé con Isaac sobre el tratamiento. Se negó.»
Su voz se suavizó con preocupación, como si amortiguara el golpe. «Ya sabes cómo es él. Cuando tiene algo en mente, es como intentar mover una montaña. No te desanimes.»
Sin embargo, Katelyn no mostró ninguna señal de decepción. Sus labios se curvaron en una sonrisa segura mientras respondía: «Me lo esperaba, Señora Bennett. Gracias por hablar con él de mi parte. No se preocupe: no me voy a rendir. Tarde o temprano, lograré que Isaac acepte mi tratamiento.»
Al escuchar la determinación en la voz de Katelyn, Danica solo pudo colgar el teléfono con un cansado suspiro, atrapada entre dos corazones igualmente tercos.
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