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Capítulo 233:
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Miranda dio su número de teléfono y Kaia lo repitió para asegurarse de que no hubiera errores. Con eso resuelto, Miranda se fue.
La sonrisa de Kaia no se borraba: de verdad había conseguido el número de Miranda.
Como directora de una de las empresas más poderosas del mundo, Miranda no era precisamente de las que reparten su número a cualquiera. Kaia dedujo que, además de su vínculo a través de Adrian, Miranda de verdad quería hacerse amiga de ella.
Con ese pensamiento, la confianza de Kaia se disparó. Se sentía lista para enfrentarse a Verena. Si podía cultivar una relación con alguien tan influyente, entonces aunque sus padres le dieran la espalda, Kaia creía que todavía tendría un futuro por delante.
De algo estaba segura: pasara lo que pasara, nunca terminaría peor que Verena.
Afuera del aeropuerto, un elegante auto gris plateado estaba estacionado junto a la acera. Una joven con un abrigo de lana se recostaba contra el auto con actitud relajada.
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Los ojos de Verena estaban pegados al teléfono, desplazándose sin rumbo mientras esperaba.
Miranda distinguió a Verena en cuanto salió del aeropuerto. Arrastrando la maleta, corrió hacia ella y la envolvió en un abrazo enorme.
«¡Verena, te he extrañado un montón!»
Justo cuando Verena estaba a punto de volver a marcar el número de Miranda, una Miranda hiperactiva casi la derribó. Tanta emoción salió de Miranda que descargó casi todo su peso sobre Verena, quien tuvo que plantarse bien para no caerse. Los brazos de Miranda se aferraron tan fuerte a su cuello que Verena casi no podía respirar.
Con un empujón decidido, Verena por fin se liberó y tomó aire.
No pudo evitar regañarla: «¿Por qué sigues siendo tan explosiva? Al menos intenta comportarte como CEO de vez en cuando.»
Miranda, a quien nunca le había importado las apariencias, pasó un brazo por los hombros de Verena y le levantó la barbilla con los dedos. Una sonrisa traviesa asomó en sus labios mientras la provocaba: «¡Ay, Evelyn! Te pones más bonita cada año. No me hagas suplicar un beso.»
Verena rio y le dio a Miranda un cariñoso golpecito en la cabeza. «¡Para ya! Ya no estamos en el extranjero. No me llames Evelyn aquí.»
Miranda asintió, mirando alrededor mientras susurraba con una mano en la boca: «Tienes razón, ese nombre queda prohibido aquí. La fama trae sus propios dolores de cabeza, ¿verdad? Eres tan talentosa que la gente hace fila para pedirte ayuda, y otros solo para meterte en problemas. A este punto parece que necesitas escolta. Te entiendo perfectamente, créeme.»
Verena solo negó con la cabeza sonriendo y señaló el auto. «Ándale, vámonos.»
Miranda metió la maleta en la cajuela y se subió al asiento del copiloto, lista para lo que viniera.
«¿A dónde vamos? ¿A tu casa?» preguntó Miranda.
Antes de que Verena pudiera responder, Miranda continuó: «¿Cómo está la situación en casa? ¿Tus papás y hermanos son buena onda contigo?»
Después de todos esos años, Miranda conocía cada secreto y cada dinámica de la complicada familia de Verena.
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