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Capítulo 221:
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Un collar.
Stevie acababa de regresar.
Y ella recordaba que Stevie había mencionado que no había hablado con Isaac en casi ocho meses.
En ese instante, la verdad la iluminó. Estas piezas debían haber sido preparadas para ella por Isaac antes de que perdiera la memoria.
Al mismo tiempo, Stevie salió corriendo de la casa y sacó el teléfono para llamar a Isaac.
«Isaac, la regué feo. Por favor, no te enojes. No sabía que tu esposa vivía contigo. Cuando llegué con el regalo, sin querer le di el anillo que compraste para otra mujer.»
La voz de Isaac se endureció. «¿Qué acabas de decir?»
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Se pellizcó el puente de la nariz, sin siquiera molestarse en preguntar por el anillo en sí. La frustración espesó su tono al añadir: «Nunca fallas en armarla.»
La llamada terminó antes de que Stevie pudiera defenderse.
De vuelta en su escritorio, Isaac entrelazó los dedos, los codos apoyados en la superficie, y bajó la cabeza. Un peso nervioso le oprimía el pecho: temía que Verena pudiera malinterpretar las cosas al ver el anillo.
Isaac alzó la voz con calma y autoridad. «Jacob, prepara el auto.»
Ya instalado, Isaac dio una orden seca. «A las Villas Seraphina. Rápido.»
Poco después, el auto se detuvo frente a la villa.
Jacob ayudó a Isaac a salir y a subirse a la silla de ruedas, pero antes de que pudiera ofrecer más ayuda, Isaac ya avanzaba solo.
Dentro de la casa, Isaac recorrió la sala con la mirada, pero Verena no estaba por ningún lado. Se dirigió directo al elevador y subió al segundo piso.
Encontró la puerta del dormitorio entreabierta y entró sin dudarlo. Adentro, Verena estaba sentada en una silla de escritorio, concentrada en un libro. Al escuchar el ruido de las ruedas, levantó la vista y lo saludó. «¿Ya regresaste, Isaac? Qué temprano.»
Su compostura no dejaba escapar nada, como si el día hubiera transcurrido sin el menor incidente.
Si no fuera por la cajita junto a su mano, Isaac habría creído que la llamada de Stevie había sido solo un producto de su imaginación. La tensión apretó su agarre en los descansabrazos, sus ojos nublados de preocupación.
Sin importar cuáles fueran los sentimientos de ella hacia él, Isaac no quería que hubiera confusión ni distancia entre ellos.
No estaba seguro de si Verena ya había abierto la cajita ni de cómo explicar el collar y el anillo.
Después de una breve y tensa pausa, por fin preguntó con voz suave: «¿Pasó Stevie hoy?»
Cada palabra elegida con cuidado, la mirada fija en Verena en busca de cualquier destello de reacción.
Notando sus nervios apenas disimulados, Verena esbozó una pequeña sonrisa cómplice. «Sí», respondió con calma.
«¿Te dijo algo?» presionó Isaac, sin poder ocultar su preocupación.
Una oleada de inquietud lo sacudió: ¿y si Stevie había revelado más de lo que debía en su presencia?
Solo cuando las palabras ya habían salido, Isaac se dio cuenta de lo obvio que había sido.
Apartó la mirada, con los labios apretados, sin poder sostenerle los ojos.
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