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Capítulo 211:
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Repasó sus palabras mentalmente, dándoles vueltas hasta que por fin cayó en la cuenta: las sutiles indirectas de ella no eran más que una petición de regalo.
Tomó el teléfono y llamó a su asistente. «Jacob, mañana hay una subasta en el Centro de Arte de Shoildon, ¿verdad?»
A la mañana siguiente, justo antes de salir hacia el trabajo, Isaac le dijo a Verena: «Hoy vuelvo temprano y te llevo a cenar.»
«¿Con tus amigos?» preguntó Verena, dando por hecho que sería otra de sus reuniones sociales.
Isaac negó con la cabeza, los ojos iluminados por la expectativa. «Solo tú y yo.»
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«Ah, ya veo.» Verena lo provocó levantándole la barbilla con un dedo y una sonrisa pícara. «¿Una cena con velas, entonces?»
Un destello travieso iluminó sus hermosos ojos.
Las mejillas de Isaac se tiñeron de calor. Humedeció los labios y respondió en voz baja: «Sí.»
Cuando el sol se hundió en el horizonte, llegaron a un restaurante elegante.
Era refinado y distinguido, con un violinista que tejía notas delicadas en el aire.
En cuanto Verena se acomodó en su asiento, Isaac deslizó una cajita de terciopelo negro sobre la mesa.
«La vi en la subasta y pensé que te quedaría bien. Espero que sea de tu agrado.»
Los labios de Verena se curvaron en una sonrisa. Las indirectas de verdad sí daban resultado. Pero al abrir la cajita, su expresión vaciló apenas un instante.
Dentro no había un collar, sino un pañuelo de seda.
Isaac notó su duda y preguntó con cautela: «¿No te gusta, Verena?»
Verena ocultó su confusión, y sus labios se curvaron con calidez. «Me gusta muchísimo. Mientras el regalo venga de ti, lo voy a atesorar siempre.»
Verena estaba un poco desconcertada. Isaac no le había dado el collar que guardaba en el estudio. En su lugar, le había comprado un pañuelo.
¿Pero por qué?
Verena confiaba lo suficiente en él como para creer que no dejaría entrar a otra mujer en su vida. Llegó a la conclusión de que quizás el collar era un regalo destinado a algún familiar.
Dejando sus suposiciones a un lado, Verena se puso de pie, se colocó frente a Isaac y se hincó. «¿Me ayudarías con esto?»
«Claro.» Isaac tomó el pañuelo, lo dobló con cuidado y lo envolvió suavemente alrededor de su cuello, anudándolo en un moño prolijo.
Verena permaneció hincada ante él, y de forma natural, su mirada descendió.
Al entrar al restaurante, Verena se había quitado el abrigo, revelando un suéter ligeramente holgado. Al inclinarse, el cuello se corrió un poco, dejando al descubierto las líneas elegantes de sus clavículas.
En el momento en que Isaac estaba a punto de apartar la vista, algo llamó su atención y lo dejó paralizado.
Justo debajo de la clavícula, cerca del corazón, había un tatuaje: una sola inicial, «I».
La expresión de Isaac se descompuso y su ceño se frunció.
¿A quién pertenecía esa «I»?
Recordó que ella había mencionado un primer amor, y sintió como si alguien le hubiera dado un golpe fuerte en el pecho.
Parecía que ella no había borrado a su primer novio de su memoria. Verena había confesado una vez que se habían amado profundamente. Aunque lo llamaba el pasado… si de verdad fuera solo historia, si todos los sentimientos se hubieran desvanecido, ¿quién seguiría cargando un tatuaje hecho para un amor del pasado?
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