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Capítulo 126:
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«Es verdad», admitió Alec con tono suave. «Barrie no dejaba de hacerte elogios. Dijo que eres considerada, admirable y que tienes muy buenos modales.»
Desde el nacimiento de Kaia, Alec la había considerado un talismán de buena suerte. Cada vez que la fortuna le sonreía a la familia, estaba convencido de que ella había traído la bendición. Esa certeza se había ido apagando con los años, pero escuchar los elogios de Barrie hizo que ese viejo sentimiento resurgiera.
Para Alec, Kaia era lo mejor que les había pasado.
Laura apretó la mano de Kaia, todavía rebosante de orgullo. «Y eso no es todo. Barrie incluso bromeó con que es una lástima que su nieto no sea suficiente para ti, o le encantaría que te casaras con su familia. Así de bien te considera.»
Con tanto elogio acumulado, Kaia no pudo disimular su deleite. Se alisó el cabello, la barbilla alzándose con una nueva confianza. «La verdad, nunca me han faltado admiradores. Si todos los que me admiran en la escuela se pusieran en fila, tendríamos un embotellamiento en la cuadra. Y yo no soy menos que Slater. Decir que Slater no es suficiente para mí no está del todo mal.»
Su confianza juguetona pareció levantarle el ánimo a todos, dejando toda la casa zumbando de orgullo.
«Es verdad», dijo Laura con calidez, alcanzando la mano para alisarle el cabello a Kaia. «Pero tenlo presente: la humildad y los buenos modales van muy lejos, sobre todo con familias como la de ellos. Esas cosas se notan. Cuando Barrie venga a visitar, asegúrate de lucir impecable.»
El consejo de su madre resonó con sensatez, y Kaia entendía perfectamente lo que estaba en juego. La familia Willis y la familia Lyons vivían en mundos distintos, y ella sabía cuánto importaban las apariencias.
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«Lo entiendo, mamá. No te preocupes. Estaré con los ojos y los oídos bien abiertos, y no hablaré a menos que sea necesario.»
Alec y Laura se intercambiaron una mirada orgullosa, agradecidos por una hija que nunca les complicaba la vida.
Sus pensamientos se derivaron, casi involuntariamente, hacia Verena. Comparada con Kaia, su otra hija siempre parecía empeñada en ir por su propio camino.
Una expresión complicada cruzó el rostro de Alec. Solo la noche anterior había discutido con Laura sobre la necesidad de traer a Verena a casa cueste lo que cueste. Ahora, tras la llamada de la familia Lyons, no había vuelto a mencionarlo. Si Verena quería salir de sus vidas, quizás era momento de dejarla.
La felicidad de Laura era imposible de ignorar: la sonrisa le llegaba de oreja a oreja, el orgullo chispeando en sus ojos. ¿Por qué habría de preocuparse de que Verena tuviera a Isaac? El apoyo de la familia Lyons valía mucho más, y ahora su propio futuro se veía seguro. Aunque la familia Bennett estuviera fuera de su alcance, Laura dudaba de que Verena pudiera causarles problemas desde la distancia.
Sintiéndose audaz, tomó el teléfono y le mandó un rápido mensaje a Verena: «De verdad estás subestimando tanto a tu padre como a tu hermana. El hecho de que tengas a Isaac no significa que estemos indefensos. No nos des por vencidos tan rápido.»
Con un suspiro, Verena hojeó el mensaje de Laura, los labios curvándose en una mueca burlona. Ayer, Laura había hecho el papel de madre cariñosa y humilde. Hoy pavoneaba como si fuera la dueña del mundo. Si eso no era una señal de alerta, Verena no sabía qué podría serlo.
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