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Capítulo 261:
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Dos guardias de seguridad seguían al sujeto, estaba claro que no eran gente común.
Por lo tanto, las dependientas salieron corriendo para inclinarse ante él con más humildad que frente a Tyson.
«Señor Reed, ¿Por qué no nos informó que venía?».
No había sido sino hasta ese momento que Celia se dio cuenta de que el tipo era el gerente general del Global Mall.
Un hombre que carecía de cualquier emoción facial perceptible. Enseguida, el señorReed caminó directamente hacia Tyson, y extendiendo la mano, dijo: «Mi nombre es Doran Reed, superviso las operaciones del centro comercial. El señor Powell me ha pedido que medie en el conflicto. Usted debe ser el Señor Shaw, ¿Cierto? Me comentaron que se encontraba en un aprieto. Dígame, ¿Cuál es el problema?».
Doran había sido enviado allí siguiendo las instrucciones de Briar, quien aunque no le dijo quién era Tyson en realidad, infería que no era cualquier persona.
A fin de cuentas, Briar era el asistente del misterioso presidente del Grupo Semshy. En ese sentido, no podría haber pedido ayuda con tanta prisa si ese tipo era un don nadie.
Dándole un apretón de manos, Tyson dijo sin rodeos: «Hola, señor Reed, es un placer conocerlo. Verá, mi esposa y yo estamos aquí de compras y nuestro buen humor se ha visto gravemente afectado por dos señoras que no han dejado de molestarnos.
Me gustaría solicitar su ayuda para sacar a las dos damas».
Dicho eso, hizo un gesto hacia Cerissa y Mabel, cuya mandíbula casi cae al suelo por el asombro.
La mujer no había anticipado que el gerente general del centro comercial trataría a Tyson con tanto respeto.
¡Le resultaba imposible aceptar lo que acababa de presenciar! Definitivamente estaba por perder la cabeza mientras observaba a Tyson ser el centro de atención.
Por su lado, Cerissa seguía lamentando haber hecho que Celia se casara con él, pues no esperaba que Tyson terminara siendo alguien tan poderoso.
Era cierto que el chico había sufrido el repudio de los Shaw, pero todavía contaba con el respeto de los que lo rodeaban. No había dudas de que ese apellido tenía mucha influencia en la sociedad, al punto de que un miembro que había sido exiliado de la familia aún podía hacer alarde de su prestigio.
La chica se sentía cada vez más arrepentida de su decisión, ya que estaría bañada de gloria si se hubiera casado con Tyson. ¡Celia no sería la mujer del momento!
Mirándolas, Dorian asintió.
“Bien», dijo.
A diferencia de los métodos de las dependientas, los suyos eran significativamente más efectivos. Por lo tanto, ¡Después de que terminaron de hablar, les ordenó a los guardias que sacaran a Cerissa y a Mabel del centro comercial!
Sorprendidas, las vendedoras de la tienda se sentían terribles por la forma en la que habían tratado a Tyson y Celia hacía un rato.
A su vez, los guardias de seguridad no mostraron compasión por las dos mujeres y las empujaron fuera de la tienda con fuerza. Ambas lucían mortificadas cuando las bolsas de lo que habían comprado se esparcieron por el suelo.
Cerissa, muy avergonzada, recogió las cosas y se preparó para partir con Mabel.
Durante el incidente, más y más miradas se iban sumando. ¡Deseaba que se la tragara la tierra!
Mabel, testaruda como de costumbre, no estaba dispuesta a irse. Entonces, gritó con la suficiente ferocidad como para ser escuchada por todo el mundo.
«¡No veo por qué tendría que marcharme! ¡Yo también soy una cliente, y el cliente siempre tiene la razón! ¿Por qué me ahuyentan? Este tipo y su esposa solo recibieron un par de reprimendas de mi parte. ¿Acaso no tengo derecho a dirigirme a los perdedores y a las putas como ellos, que simplemente usan su dinero sucio?
¿Exactamente por qué debería importarme esta pareja?».
Al mismo tiempo, en la mente de Cerissa las miradas de la multitud eran como dagas que apuñalaban repetidamente su confianza.
«Mamá, por favor, detente. Las personas sabias saben cuándo retroceder. ¡Salgamos de este maldito lugar!», soltó con arrogancia, tratando de convencer a Mabel.
Aun así, tenía un fuerte deseo de dejar atrás a su madre.
«¡Que se vayan a la mi$rda! ¡Hoy maldeciré a este pobre diablo y a esta maldita p%rra hasta que me dé la gana!», exclamó Mabel con rabia.
Tyson, con calma, le dijo a Doran: «Señor Reed, ponga a estas dos personas en la lista negra del centro comercial, por favor».
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