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Capítulo 258:
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Sintiendo un poco de vergüenza, la dependienta miró a Tyson y a la tarjeta bancaria que estaba frente a ella.
Honestamente no le importaba quién compraría el vestido, ya que de cualquier forma su rendimiento de ventas sería el mismo.
Lo que le preocupaba era que si ambos clientes tenían suficiente dinero para comprarlo, entonces ofendería a uno de ellos.
Cuando Tyson se percató del dilema en el que la empleada se encontraba, inesperadamente sonrió y dijo: «Si esta señora insiste en comprar el vestido, puedo cedérselo. Pero… solo si le alcanza para comprarlo. Le pediré a mi esposa que elija otro».
A decir verdad, el hombre hizo todo eso a propósito.
Como había decidido adquirir Grupo Kane, le había pedido a Briar que averiguara todo sobre la empresa. Por esa razón estaba más informado que Mabel y su hija acerca de cuánto dinero tenía la compañía. Gracias a eso supuso que Mabel no tenía suficiente dinero para pagar el vestido.
Mabel, por su parte, no esperaba que Tyson se rindiera tan fácilmente. Ella pensó que había sido porque en realidad el hombre no tenía suficiente dinero, así que deliberadamente había puesto una excusa. Teniendo eso en mente, la actitud de la mujer se volvió más soberbia. Después de resoplar con frialdad, Mabel dijo: «Es bueno que seas tan sensato».
Cuando la dependienta tomó la tarjeta bancaria, con arrogancia y esbozando una sonrisa burlona, Mabel le dijo a Celia: «Si no pueden pagar el vestido, solo díganlo.
¿Por qué al final lo rechazaron? Eres demasiado engreída».
Celia, por su parte, exhaló un suspiro de alivio al ver que Tyson había renunciado al vestido.
Así pues, planeó ir a otra boutique para que su estado de ánimo no volviera a verse afectado.
Sin embargo, Tyson la tomó de la mano y, con una sonrisa dijo: «Cece, quedémonos un poco más para presenciar el espectáculo que se avecina».
Mientras el hombre hablaba, había una sonrisa maliciosa en sus labios y un dejo de picardía en sus ojos.
Tras escuchar las palabras de su esposo, Celia accedió obedientemente y lo siguió hasta el mostrador. Entonces se pararon detrás de Mabel y Cerissa.
La dependienta halagó a Mabel de varias formas, hasta el punto de que parecía como si en realidad fuera su mamá.
«Señora, ¿Por qué no primero se prueba el vestido? Estoy segura de que se le verá muy bien, ya que va con su temperamento».
Mabel estaba tan encantada con los elogios de la empleada que sonrió y respondió: «No es necesario. Como este es el mejor vestido de la boutique, no creo que sea una buena idea probármelo antes de pagarlo. He comprado tanta ropa de marcas de lujo que conozco las reglas».
Tras escuchar las palabras de la mujer, la dependienta la elogió con entusiasmo:
«Señora, usted es la dama con mejores modales que he visto en toda mi vida. Además, es sumamente elegante. Cuando se ponga este vestido, lucirá aún más hermosa».
Al escuchar todos los halagos de la dependienta, Cerissa se puso un poco ansiosa, pues temía que su mamá hiciera el ridículo si resultaba que no le alcanzaba para pagar el vestido. Sin embargo, Mabel no parecía preocupada por eso en lo absoluto.
Incluso lucía feliz y orgullosa.
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