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Capítulo 253:
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Actuando como una desquiciada, Mabel señaló directo hacia la nariz de Celia y siguió maldiciéndola.
Estas duras palabras enfurecieron tanto a la chica, que estuvo a punto de exponer la verdad y decir que sustituyó a Cerissa en la boda para darles una lección a las dos personas desagradecidas que tenía enfrente.
En aquel entonces, cuando el Grupo Kane estaba a punto de irse a la bancarrota y necesitaba fondos, solo la Familia Shaw podía ayudarlos. Sin embargo, Cerissa no quería casarse con Tyson, así que Adrien obligó a Celia a reemplazar a su hermanastra.
La chica sacrificó su propia felicidad por el bien de Cerissa, pero ni esta última ni Mabel parecían sentir al menos un poco de remordimiento; en cambio, solo se dedicaban a disfrutar de la estabilidad que obtuvieron gracias a ella.
Aunque Celia no se arrepentía de haberse casado con Tyson porque llevaban una vida matrimonial muy feliz, no se negaba al hecho de que le hizo un gran favor a Cerissa cuando aceptó reemplazarla. Ellas habían contraído una gran deuda, entonces, ¿Por qué ahora se comportaban con tanta arrogancia y desvergüenza?
Mirando a Mabel con frialdad, Celia dijo: «¡¿Cómo te atreves a hacer una rabieta frente a mí?! ¿Acaso quieres que te dé una lección? Parece que ya olvidaste lo mucho que sufriste la última vez. Tal vez debería hacerlo de nuevo. No me importa volver a darte una buena lección».
El rostro de la mujer se puso rojo de la rabia. ¡Ella no iba a permitir que alguien más joven la amenazara en público! Sin embargo, Celia también le inspiraba mucho miedo; la chica ya la había lastimado varias veces, y siempre terminaba postrada en cama por varios días.
Estas ideas hicieron que Mabel se pusiera más furiosa. Señalando la nariz de Celia, ella gritó: «¡¿Cómo te atreves a amenazarme?! ¿Crees que puedes hacerme algo? ¡Solo eres una arpía desvergonzada! ¡Una maldita p%rra! ¡Como la maldita p%rra de tu madre!».
La ira rebasó a Celia y sus ojos se volvieron fríos cuando escuchó que insultaban a su madre. Tyson no podía soportar más la hostilidad de Mabel hacia su esposa; él se preparó para ayudarla a darle una lección, pero Celia le hizo señas para que retrocediera, indicándole que ella misma lo resolvería.
Consciente de lo capaz que era su esposa, Tyson accedió y no hizo nada. Celia soltó el brazo de su marido y caminó lentamente hacia Mabel. Luego, ella agarró el hombro de su madrastra y le dijo con una voz baja y ronca: «¡Si te atreves a insultar a mi madre otra vez, te enviaré al infierno en este mismo instante! Me conoces bastante bien, así que te conviene hacer lo que te digo». El tono de la chica era terriblemente gélido.
El brillo despiadado en los ojos de su hijastra asustó a Mabel, pero como no podía admitir su cobardía frente a tantas personas, pronunció con más dureza: «Hazlo si crees que puedes. Lo que dices son simples amenazas vacías».
Apretando los puños con fuerza para mantener la compostura, la mujer le susurró a Celia con complacencia: «Por cierto, olvidé decirte algo. El anillo de zafiro que dejó tu madre se vendió por más de diez millones de dólares».
Su voz sonó a un tono tan bajo que solo Celia pudo oírla.
Esta declaración tomó a la chica por sorpresa, ya que no esperaba que el anillo de zafiro fuera tan valioso.
Sin embargo, eso no era lo que le importaba; lo que ella quería era recuperar el anillo, pues fue una petición que le hizo su madre en su lecho de muerte. En caso de no cumplir con ese último deseo, Celia pasaría el resto de sus días completamente desconsolada.
Al ver el dolor que brillaba en los ojos de su hijastra, Mabel pensó que había vuelto a tomar la delantera, así que añadió con una sonrisa: «Y una cosa más. El dinero que acabamos de gastar es el mismo que obtuvimos vendiendo el anillo de tu madre. Me pregunto si ella se enfadaría en caso de enterarse».
La mujer viciosa no se contuvo y continuó: «Tu madre fue muy ambiciosa y siempre estaba dispuesta a hacer lo que fuera con tal de salirse con la suya, pero después de su muerte, su marido usó su dinero para mantener a otra mujer y a la nueva hija que concibió. Tú luego te casaste con un perdedor. Tengo muchas ganas de ir a su tumba y contarle todo esto. Tal vez esto la hará enojar tanto que volverá a la vida. Si eso sucede, tal vez deberías agradecerme».
Las palabras de Mabel enfurecieron mucho más a Celia; ella era capaz de tolerar muchas cosas, pero no podía soportar que insultaran a su madre y a Tyson.
Mabel primero humilló a su hijastra, luego a su marido y al final insultó una y otra vez a su difunta madre; Celia definitivamente no iba a soportarlo más. Sin importarle que se encontraban en público, la chica alzó una mano y abofeteó a Mabel en la cara:
«¡Cierra la maldita boca! Es la última vez que te lo advierto». La muestra de furia de Celia tomó a todos por sorpresa; la bofetada que le propinó a su madrastra fue tan fuerte que esta última no fue capaz de permanecer parada en el mismo lugar y retrocedió algunos pasos.
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