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Capítulo 243:
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Brea dio vueltas en la cama por un largo rato, pero no pudo conciliar el sueño, así que le dio una ligera patada al chico a su lado y le dijo: «No puedo dormir, hablemos un rato».
Él la miró.
“¿De qué quieres hablar?».
La muchacha se quedó en blanco ante su pregunta. ¿De qué quería hablar?
Pasaron algunos segundos antes de que hiciera una pregunta inesperada.
“¿Te has enamorado alguna vez?».
Aunque Wayne sintió que su pregunta era un poco extraña, respondió con sinceridad: «¡Por supuesto! Ya tengo más de veinte años».
De repente, Brea se sintió un poco incómoda, y volvió a preguntar: «¿Cuántas novias has tenido?».
«Tres… o quizás cuatro».
«¿No recuerdas exactamente?».
El muchacho lo pensó por unos segundos, y murmuró: «Entonces tres. Una no cuenta, porque fue solo un flirteo».
«Vaya, así que te las traes… ¿Se sintió bien? ¿Por qué no terminaron juntos?», curioseó. No obstante, el chico notó que su tono desprendía ligeros celos, por lo que dejó su celular de lado y se fijó en ella.
“¿Por qué? ¿Acaso estás celosa?».
Brea se sonrojó enseguida, y espetó: «¿Por qué debería estarlo? Solo tengo curiosidad».
El varón se metió en sí mismo por unos segundos, antes de contestar: «Descubrí que a ella le gustaba más mi dinero que yo. En ese momento, me di cuenta de que tal vez mis antecedentes familiares me impedirían encontrar una persona que me quiera de verdad, así que rompí con ella».
Mientras hablaba, giró la cabeza y miró a Brea. No esperaba que ella ya se hubiese dormido, pero lo estaba.
Respiró con alivio, pensando que lo mejor era que por fin se durmiera.
Extendió la mano y le acarició la cara y, tras asegurarse de que estuviera dormida, la cubrió con la sábana y salió a escondidas del cuarto. Entonces volvió a su habitación, se lavó y se acostó. Todavía tenía que ocuparse de algo en la mañana, así que debía descansar bien.
Pero, tras dar vueltas por más de una hora, no lograba dormirse. Su mente estaba llena de lo que había pasado hoy.
Se percató de que recordaba su beso accidental con Brea, y cómo ella discutió con él.
Peor aún, el cuerpo y la cara de la muchacha seguía en primera línea en su cabeza… su espalda desnuda y sus delicadas facciones sin nada de maquillaje… todo eso era tan vívido en su mente, como si ella se hubiese convertido en su propietaria y no lo dejara dormir.
Al final, se irritó al ser torturado por semejante escena, se sentó sobre el colchón y apretó los dientes.
“¡Estoy jodidamente loco!».
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