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Capítulo 81:
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Cuando el abogado terminó de redactar el contrato, Dayna lo ojeó rápidamente. Lo leyó en un santiamén y, al no ver nada malo, firmó sin dudarlo. Luego le pasó el documento a Declan para que lo firmara.
Sus nombres aparecieron uno al lado del otro en el papel, sellando su acuerdo. Por un breve segundo, Dayna sintió que una extraña oleada de déjà vu la invadía. No era la primera vez que pasaba algo así. Era la tercera : en su boda, durante su divorcio y ahora esto. La única diferencia era que ahora sus nombres aparecían como Parte A y Parte B.
A continuación, el abogado selló el acuerdo, certificando el contrato ante notario y estampando un sello oficial para darle validez. El contrato era ahora legalmente vinculante. Si Declan rompía su promesa o incumplía el acuerdo, Dayna podría llevarlo a los tribunales y exigirle una indemnización de decenas de millones.
Madison abrió mucho los ojos, incrédula, al ver la larga fila de ceros. Una oleada de celos le hizo apretar los puños con fuerza. Llevaba años pegada a Declan, pero el dinero que había recibido de él no era nada comparado con esa asombrosa cantidad.
Siempre se había presentado como la mujer dulce y con los pies en la tierra a la que no le importaban las riquezas. Al principio, Declan la había colmado de regalos caros, pero ella los había rechazado todos, insistiendo en que lo amaba por lo que era, no por su dinero.
Su actuación solo había hecho que Declan se enamorara aún más de ella. Estaba completamente enamorado. Pero debido a sus rechazos, Declan acabó dejando de hacerle regalos lujosos por completo, retirando su generosidad.
Ahora, la única oportunidad de Madison era conseguir un anillo de boda y convertirse en su esposa. Una vez casada, podría gastar su dinero libremente, sin tener que fingir más.
Declan dejó el contrato a un lado con indiferencia y espetó: «¿Puedes llamar al médico de Wraith ahora?».
Dayna extendió la mano con paciencia. «Dame mi teléfono», pidió.
Tragándose su enfado, Declan le entregó el dispositivo. Dayna lo arrebató y se dirigió directamente al baño.
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Madison la vio marcharse, entrecerrando los ojos con recelo. Tras un momento, decidió en silencio seguirla.
Dayna conocía el historial médico de Tina. La repentina emergencia era muy probablemente un brote de una vieja infección. Con una vida en juego, no podía hacer la vista gorda, por mucha animadversión que hubiera entre ella y Tina. Su deber pesaba más que los rencores del pasado.
Aun así, no estaba dispuesta a dejar que esta oportunidad se le escapara de las manos. Era su oportunidad de recuperar lo que por derecho le pertenecía.
El hospital no era uno de los lugares habituales de Dayna; era territorio desconocido. Hizo una llamada rápida.
Al poco rato, alguien llegó a la entrada trasera del hospital con ropa quirúrgica y equipo.
En cuanto Dayna recibió los suministros, se escabulló para ponerse su atuendo médico.
Sin que ella lo supiera, Madison había estado observando cada uno de sus movimientos. Una chispa traviesa iluminó los ojos de Madison, y una sonrisa pícara se dibujó en sus labios.
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