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Capítulo 59:
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Por un instante, las miradas de Dayna y Kristopher se cruzaron, y una pregunta tácita brilló entre ellos.
La voz que venía de fuera de su habitación despertó el recuerdo de Dayna: reconoció que era el tío de Kristopher.
Efectivamente, las palabras de Trevor resonaron una vez más, claras desde justo al otro lado de la puerta. «Kristopher, tu abuelo quiere verte en su estudio. Necesita hablar contigo».
Un simple «De acuerdo» fue la respuesta de Kristopher, con un tono frío e indiferente.
Miró a Dayna, con una expresión indescifrable. «Quédate aquí y espérame. No tardaré mucho».
«De acuerdo», respondió ella en voz baja.
La habitación parecía haberse ensanchado aún más tras la marcha de Kristopher, y el vacío oprimía a Dayna. La inquietud se apoderó de ella, así que se puso en pie y comenzó a deambular para observar el entorno.
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No había mucho que llamara la atención: solo una estantería de pared a pared repleta de novelas y biografías. Trofeos y medallas se amontonaban en las esquinas, ocupando cada espacio disponible.
Con la curiosidad despertada, Dayna se inclinó para mirar más de cerca y se dio cuenta de que todos y cada uno de los premios eran de automovilismo. La gran cantidad lo dejaba claro: antes del accidente que le privó de su movilidad, Kristopher había dominado todas las competiciones en las que había participado. Sin embargo, en lugar de estar expuestos con orgullo, los trofeos acumulaban polvo, medio olvidados en la penumbra.
Una sombra cruzó su rostro mientras lo observaba todo.
Habían pasado tres años desde que el destino lo cambiara todo para Kristopher. En la flor de la vida, había volado alto, rebosante de confianza y logros, hasta que el destino lo confinó a una silla de ruedas, robándole la libertad en un abrir y cerrar de ojos. Una pérdida así habría quebrado el espíritu de casi cualquiera.
Un suspiro silencioso se escapó de los labios de Dayna mientras reflexionaba sobre ello.
Un golpe seco en la puerta rompió el silencio de la habitación.
«¿Quién está ahí?», preguntó Dayna.
«Soy yo».
La voz pertenecía a Alita.
Dayna no perdió tiempo, se apresuró hacia la puerta y saludó a la mujer mayor con sincera calidez. «Alita».
Un profundo afecto por la amable anciana llenó el corazón de Dayna.
Con un suave asentimiento, Alita entró, apoyándose en un bastón mientras se movía con cuidado por el suelo. Dayna la siguió, con la curiosidad despertada por la inesperada visita de Alita.
Alita fue directa al grano. «He investigado un poco tu pasado, Dayna. Si te soy sincera, tú y Kristopher no sois precisamente la pareja perfecta».
Esas palabras llenaron a Dayna de ansiedad. ¿Había venido Alita también para sugerirle una separación? ¿Incluso si eso significaba que Kristopher lo perdería todo?
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