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Capítulo 57:
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Y, sin embargo, ahí estaba Kristopher, un hombre que se había convertido en su marido hacía apenas unas horas, ofreciéndole todo lo que ella había anhelado sin que ella ni siquiera se lo pidiera.
Esa sensación abrumadora… ¿era así como se sentía realmente la confianza absoluta?
Su mirada se posó en el rostro de él, con una nueva determinación ardiendo en su pecho. «Tienes mi palabra. No traicionaré tu fe en mí. Dedicaré cada gramo de mi esfuerzo a ayudarte a volver a caminar».
«No lo estás entendiendo. Esto no pretende atarte. Considéralo mi regalo para ti. Lo que decidas de aquí en adelante es decisión tuya». Kristopher habló con una facilidad casi despreocupada.
Su carácter era un libro abierto para él. Una sola traición había enseñado a Dayna a no apartarse nunca más de sus principios. Ahora vivía protegida tras muros cuidadosamente construidos. Solo la sinceridad más pura podía esperar romper esas defensas.
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Ella asintió, con un conflicto reflejado en sus rasgos, pero la curiosidad pudo más. «¿Cuándo entró en vigor exactamente este acuerdo? ¿Por qué no me lo dijeron?».
«El mismo día que registramos nuestro matrimonio», respondió él con naturalidad. «Los regalos unilaterales no requieren la firma del destinatario».
Mientras hablaban, Dayna ya había llevado a Kristopher en silla de ruedas hasta su dormitorio. El espacio se extendía ante ellos, decorado en tonos minimalistas y austeros de negro, blanco y gris. Todo estaba en un orden impecable, inmaculado pero de algún modo estéril. Muy parecido al hombre que lo habitaba.
A través de una ventana entreabierta de su dormitorio en la segunda planta, se divisaba el jardín de abajo. El cálido aire primaveral flotaba en el interior, trayendo consigo un toque suave y refrescante.
Dayna le lanzó una mirada, con un atisbo de incertidumbre en su expresión. «¿No deberías ver qué está pasando abajo? Tu abuelo parecía a punto de desmayarse cuando nos fuimos».
Durante el ascenso por las escaleras, Charles se había estado agarrando el pecho, respirando con dificultad. Los hombres de su avanzada edad solían sufrir problemas cardíacos, y bajo una presión emocional tan intensa, un episodio cardíaco parecía totalmente posible.
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