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Capítulo 49:
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Los padres de Kristopher nunca habían compartido una verdadera relación de pareja; ninguno de los dos mostraba mucho interés por su único hijo. Su padre volcaba toda su pasión en los viñedos y las barricas. El mundo de su madre giraba en torno a las gemas y el brillo, sin alejarse nunca de su última colección. En marcado contraste, la familia del tío de Kristopher actuaba como una sola unidad, calculando cada una de sus acciones para hacerse con el control del negocio familiar.
Si no hubiera sido por la intervención de la matriarca, Kristopher nunca habría conseguido su puesto actual. Dayna también recordaba que todo el acuerdo matrimonial había surgido de la insistencia implacable de la matriarca de los Hudson.
Tras esas puertas cerradas, la familia Hudson llevaba una máscara de cortesía, ocultando un vínculo fracturado que amenazaba con separarlos desde dentro.
Alita eligió ese momento para cambiar de tema, con un tono desenfadado. «No hay necesidad de precipitarse en estas cosas», dijo, dedicándole a Dayna una sonrisa amable. «Lo que más importa es que…»
«Os llevéis bien. ¿Habéis comido? Decidme cuál es vuestro plato favorito; le diré al chef que lo prepare».
Dayna respondió con una sonrisa elegante. «Soy fácil de complacer, señora. Cualquier cosa me vale».
Su tranquila respuesta pareció ganarse la aprobación de Alita, y un destello de satisfacción iluminó sus ojos. Volviéndose hacia Kristopher, Alita habló con más firmeza. «Más te vale cuidar bien de Dayna. Si los dos decidís llevar las cosas más allá, deberíamos organizar una presentación formal para ambas familias».
«Eso no será necesario», respondió Kristopher con deliberada indiferencia.
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Mientras Alita observaba confundida, Kristopher metió la mano en la chaqueta, sacó su certificado de matrimonio y lo dejó sobre la mesa a la vista de todos. «Ya es oficial. Dayna es mi esposa».
Dayna se quedó paralizada, tomada por sorpresa por la naturalidad con la que él reveló su secreto, como si no fuera más que un cambio de tiempo. Por un momento, la sala quedó en absoluto silencio, con todos aturdidos por la revelación.
Alita aún estaba asimilándolo cuando se oyó un grito atronador desde arriba. «¡No! ¡Ni hablar! ¡No lo permitiré! ¡¿Cómo has podido casarte con una mujer que ya ha estado casada antes?!»
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