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Capítulo 441:
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La conmoción se apoderó de Dayna, dejándola paralizada y con los ojos muy abiertos.
«¿Estás seguro de que no has malinterpretado las señales? Quizá haya algo importante que se nos haya pasado por alto. Quiero decir… ¿qué motivo podría tener yo para verme envuelta en esto?».
Apenas había terminado de hablar cuando su memoria la transportó de vuelta a aquella tarde frente al hospital, cuando Tommy había hablado de vengarse de Declan por ella. En aquel momento, se lo había tomado a broma, sin creer nunca que pudiera ser algo serio.
Las preguntas se agolpaban en su mente. ¿De verdad estaba Tommy intentando ganársela? Y si era así, ¿cuál era su siguiente plan? ¿Qué quería realmente de ella?
Un recuerdo le vino a la mente: Tommy había mencionado aquella noche en que se reunieron para negociar que quería que ella rompiera con Kristopher. De repente, todo parecía encajar, aunque la conclusión era casi absurda. Le resultaba simplemente imposible aceptar una explicación tan descabellada.
Solo había operado a Tommy una vez, enmascarada de pies a cabeza. ¿Cómo había descubierto su identidad de médica Wraith? ¿Podía alguien enamorarse de verdad de alguien a quien nunca había visto realmente, solo por un encuentro enmascarado?
O tal vez Tommy simplemente estaba utilizando el romance como una artimaña, con el objetivo de acercarse a la escurridiza Médica Espectral. Con su reputación y su red de contactos, Dayna poseía una fortuna en conexiones médicas. Si Tommy lograba acceder a eso, podría dominar todo el panorama sanitario de la noche a la mañana.
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La segunda teoría le parecía más plausible a Dayna. La idea de que Tommy se enamorara de una cirujana enmascarada le parecía ridícula.
«La Doctora Wraith nunca dejaba entrar a nadie, nunca revelaba detalles personales ni contactos. Tommy sabe de mi amistad con la Doctora Wraith, así como de mi enemistad con Declan. Si interviene para ayudar, podría ganarse la confianza de la Doctora Wraith y un pase a las altas esferas de la medicina, ¿no?».
Cuanto más lo decía en voz alta, más clara se hacía la trama. La idea de que Tommy simplemente se hubiera enamorado de ella era francamente inquietante.
—Haré que mi equipo investigue esto —dijo Kristopher, sopesando cada palabra.
En ese momento, su teléfono estalló con un timbre urgente.
—¡Kristopher, tienes que venir ahora mismo! ¡Ha habido otro desastre! —era Trevor quien gritaba.
La tensión se le subió por la espalda a Dayna. Parecía que la familia Hudson nunca podía pasar un solo día sin una nueva crisis.
Aunque no pudo escuchar el resto de la conversación, el rostro de Kristopher se endureció con preocupación.
—Nos dirigimos al hospital —dijo bruscamente, colgando sin decir nada más.
La preocupación se reflejó en el rostro de Dayna mientras preguntaba: —¿Qué ha pasado? ¿Le ha pasado algo a Lucian?
Sin un atisbo de calidez, Kristopher respondió: «La abuela fue a por Charles con un cuchillo, pero Mathew se interpuso para intervenir. Ahora los dos están en el hospital».
Esa noticia le cayó como un puñetazo en el estómago. Dayna lo miró fijamente, con los ojos muy abiertos. «¿Hablas en serio?».
Cuando llegaron al hospital, Charles todavía estaba dentro, con las enfermeras atendiendo sus heridas. Alita se desplomó en una silla, con los ojos vidriosos por la conmoción, mientras Trevor merodeaba cerca, con los nervios a flor de piel.
Johanna se mantenía pegada a la pared, en silencio, con la mirada lanzando dagas a través del cristal hacia la sala de tratamiento. Si las miradas mataran, Alita no tendría que terminar el trabajo ella misma: la mirada fulminante de Johanna lo haría por ella.
Dayna no perdió tiempo y empujó la silla de ruedas de Kristopher hacia adelante. Su primer instinto fue ver cómo estaba Alita. Unas gruesas vendas blancas cubrían la mano derecha de Alita, un marcado contraste con su habitual compostura.
Trevor levantó la vista y dejó escapar un suspiro de cansancio al acercarse Kristopher. «Menos mal que estás aquí. Todo se ha desmoronado. Solo tú puedes manejar este lío ahora».
¿Quién podría haber imaginado que Alita se abalanzaría sobre Charles con un cuchillo, dispuesta a acabar con él? En tan solo unos días, la familia Hudson se había desmoronado bajo amargas discusiones, la salud deteriorada de Lucian y, ahora, sangre derramada entre parientes.
Si la noticia de este incidente se filtraba a los medios, se desataría el caos. Dayna se estremeció ante esa idea.
Su mirada se desvió hacia la puerta de la sala de tratamiento. A través del pequeño cristal, vislumbró a Charles mientras las enfermeras terminaban de vendarle las heridas. Parecía maltrecho, pero sobreviviría.
—Abuela —dijo Kristopher, con el rostro cargado de emociones encontradas mientras miraba a Alita—. ¿Por qué lo has hecho?
Los días de Charles ya estaban contados. Tarde o temprano, las consecuencias de sus decisiones le alcanzarían. ¿Qué había llevado a Alita a arriesgarlo todo y actuar así ahora?
«No se merece menos: debería morir como el villano que es, no como un anciano inocente. ¿Por qué debería escapar de la justicia?». El odio ardía en los ojos de Alita, consumiendo cualquier atisbo de calidez.
Dayna se esforzaba por relacionar a esta mujer con el alma gentil que había conocido una vez. «Este hombre destrozó a nuestra familia y luego intentó destruir a mi nieto. ¡No puedo dejar que se salga con la suya!».
Mientras hablaba, el rostro de Alita no traicionaba ningún remordimiento, solo frustración y una resignación cansada porque su plan había fracasado.
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