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Capítulo 384:
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Alita apenas había terminado de hablar cuando las rodillas le fallaron. Se tambaleó, inestable, y habría caído al frío suelo si Dayna no se hubiera lanzado hacia delante para sujetarla.
Su salud ya llevaba tiempo deteriorándose lentamente, y soportar este último golpe fue como echar sal en una herida profunda.
Dayna la sujetó, frunciendo el ceño con preocupación. «¿Estás bien?».
Alita asintió lentamente, pero incluso eso pareció agotarla.
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Dayna la observó de cerca, con el corazón encogido. Solo habían pasado tres meses desde que conoció a Alita, una mujer que en su día le había parecido apasionada y perspicaz, llena de orgullo silencioso y determinación. Ahora parecía alguien que había envejecido una década de la noche a la mañana.
Siempre se notaba cuando una persona se estaba derrumbando, no por las arrugas de su rostro, sino por la luz que se apagaba en sus ojos. Esa luz casi se había extinguido en Alita.
Era la fuerza interior lo que mantenía a las personas en pie cuando el mundo a su alrededor se desmoronaba. Ninguna medicina moderna podía embotellar eso.
Y Charles… después de años de ser su compañero, después de todo lo que habían construido juntos, le había dado la espalda con frialdad, montando este gran espectáculo público solo para entregar las acciones de la empresa a Tommy. Era más que una traición. Era crueldad.
Alita se liberó con delicadeza del abrazo de Dayna y se arrastró hacia el final del pasillo.
Allí había una terraza: abierta, tranquila y poco frecuentada. El lugar perfecto para hablar lejos de la sofocante multitud.
Kristopher avanzó en su silla de ruedas, siguiéndola sin decir palabra. Dayna se quedó donde estaba, viendo cómo la frágil figura de Alita desaparecía por el pasillo. Se le oprimió el pecho con una mezcla de tristeza y reflexión.
Después de todos esos años de matrimonio… así era como acababa todo.
Se consideraba afortunada en comparación: al menos había reconocido a tiempo al demonio que tenía a su lado. Declan había mostrado sus cuernos desde el principio.
Pero ahora, con Alita fuera de allí, el pasillo se sumió en un silencio demasiado punzante como para ignorarlo. Se cernía sobre Dayna como la niebla. Cada segundo se sentía como una aguja.
No tenía intención de quedarse ni un segundo más. En cuanto Kristopher regresara, se irían juntos. Podía sentir la mirada de Tommy clavada en ella, pero se negaba a reconocerla.
«Que mire», pensó.
Justo entonces, su teléfono vibró con fuerza en su bolso. Era Nell.
—¡Dayna! —Su voz prácticamente estalló por el altavoz—. ¡Ve a ver las noticias de actualidad ahora mismo! ¡Ese lunático de Declan está ahí fuera declarando su amor eterno por ti… otra vez! ¡Madison está en el hospital con su hijo, y este hombre desvergonzado está ahí fuera grabando una declaración de amor! ¿Se ha vuelto completamente loco?
Los ojos de Dayna se volvieron de hielo. —Lo miraré ahora mismo —dijo fríamente y colgó.
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