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Capítulo 381:
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Trevor apretó la mandíbula y espetó: «¡Tiene que hacer un hueco! ¡No puede ser que papá corra peligro!».
Dayna no se molestó en responder. Se dirigió a zancadas hasta el final del pasillo, sacó su teléfono, hizo una llamada rápida y regresó.
«Ya se ha avisado a la doctora Wraith. Está de camino. Voy a bajar a recibirla», anunció Dayna, sin apenas detenerse antes de marcharse.
El caos en el banquete había pillado a Dayna por sorpresa. No había previsto que las cosas salieran tan mal, y todo su equipo de camuflaje seguía en casa de Kristopher.
Mientras abrochaba el cinturón de seguridad y arrancaba el motor, pensó en dar un rápido rodeo por casa para recoger su equipo. Antes incluso de que pudiera arrancar, la puerta del copiloto se abrió de golpe y Tommy se subió al coche.
Su total falta de respeto por el espacio personal hizo que Dayna se enfadara.
«¿Qué crees que estás haciendo? Sal de mi coche», respondió con tono gélido.
No había amistad entre ellos, apenas eran conocidos. ¿Por qué actuaba como si ese fuera su sitio?
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Tommy ni siquiera se inmutó ante su tono. Sus ojos permanecieron fijos en ella. «Vas a reunirte con la médica wraith, ¿verdad? Yo voy contigo».
La mirada de Dayna se agudizó. «¿Y por qué iba a llevarte conmigo? Lo que sea que esté pasando entre la médica wraith y yo no es problema tuyo. Vete. Ahora, antes de que se me acabe la paciencia».
En lugar de moverse, Tommy estiró las piernas, acomodándose con desafiante indiferencia. «Dime, ¿de verdad vas a reunirte con la médica Wraith, o es solo tu tapadera?», preguntó, con palabras lentas y deliberadas.
La pregunta cayó como una mecha encendida arrojada a un barril de pólvora.
Las manos de Dayna se tensaron sobre el volante, y su rostro se ensombreció con una mezcla de alarma e incredulidad. Nadie había logrado desentrañar sus secretos jamás: ni Declan, ni siquiera Kristopher, a pesar de verla todos los días. Se deslizaba entre sus dos vidas sin que nadie se diera cuenta.
Ahora, un desconocido con el que apenas había hablado la estaba confrontando con la verdad. ¿La había estado siguiendo desde otro país todo este tiempo? ¿O se le había escapado algo sin darse cuenta?
Respiró hondo para recuperar la compostura e intentó calmar su pulso acelerado.
—Eso es increíble —dijo Dayna, manteniendo la voz gélida—. El médico espectral y yo solo somos amigos; todo el mundo lo sabe.
Tommy no alzó la voz, pero había una firmeza inconfundible en su tono. —Puede que hayas engañado a los demás. Pero a mí no me vas a engañar. No te das cuenta de cuánto tiempo llevo observándote, ¿verdad?
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