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Capítulo 3:
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Los brazos de Dayna colgaban rígidos a los lados mientras lo veía levantar a Madison sin esfuerzo y apresurarse hacia el coche. Madison se apoyaba en él con delicadeza, con movimientos suaves y elegantes, pero incluso así, se las arregló para lanzarle a Dayna una mirada presumida y burlona.
Estábamos a mediados de junio, pero Dayna nunca había sentido antes un escalofrío así recorriendo su cuerpo.
Su mente se remontó a aquella noche de hacía años, cuando Declan tuvo un accidente de coche y ella arriesgó su propia vida para sacarlo de los restos del vehículo con sus propias manos. Después de eso, se desmayó por el esfuerzo.
Cuando volvió en sí, la historia ya se había tergiversado: Madison había afirmado que ella era la heroína. Y por mucho que Dayna intentara contar la verdad, Declan nunca la escuchó. A sus ojos, Madison lo había salvado, y Dayna no era más que una mentirosa amargada y desesperada por llamar la atención.
Desde el primer día, Dayna había entendido que este matrimonio no tenía nada que ver con el amor. Era una fría transacción entre dos familias poderosas. ¿Y en cuanto al afecto de Declan? Ese siempre había estado reservado para Madison.
En los tres largos años de su matrimonio, Declan no le había dado a Dayna ni una pizca de cariño. Ni siquiera la cortesía básica que se le debe a un cónyuge había sido algo que pudiera esperar.
La misma noche antes de casarse, Madison había tendido una trampa a Dayna para que pareciera que había engañado a Declan. En realidad no había pasado nada, pero desde entonces Declan había visto a Dayna como alguien mancillada. A partir de ese momento, el mundo de Dayna se había convertido en una pesadilla.
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Su padre fue acusado de repente de consumo de drogas y encerrado en rehabilitación. Sin nadie más para dirigir Murray Group, Declan intervino, tomando el control sin dudarlo.
La madre de Dayna había fallecido hacía años, con el corazón destrozado por la traición de su marido. Dayna había crecido resentida con su padre, creyendo que se había ganado su caída en desgracia. Así que, en aquel momento, cuando Declan se ofreció a intervenir y salvar la empresa, ella se sintió agradecida, ciegamente agradecida.
Pero no fue hasta mucho más tarde cuando se dio cuenta de la verdad: nada de aquello había sido una coincidencia. Todo había sido una trampa. La caída de su padre había sido cuidadosamente orquestada por Declan. La empresa no había sido rescatada, sino que había sido devorada por completo. Cada detalle había formado parte del plan de Declan.
Y una vez que había conseguido todo lo que quería, lo único que quedaba era el odio. Dejó de volver a casa. Y en las raras ocasiones en que se cruzaban, siempre acababa con su dignidad hecha pedazos.
Los recuerdos volvieron a inundarla, abatiéndose sobre Dayna como una tormenta de la que no podía escapar.
Dayna se tambaleó hacia delante antes de que sus fuerzas se agotaran por completo. La sangre brotó de sus labios y, entonces, todo se desvaneció en la oscuridad.
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