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Capítulo 295:
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«Cuando encuentre a quien haya puesto esto en marcha, me aseguraré de que no se salga con la suya», dijo Kristopher con firmeza, con voz baja y sin vacilar.
Dayna asintió con la cabeza, con una expresión a medio camino entre la ansiedad y la determinación. «El médico fue claro: no debes levantarte de la cama durante dos semanas seguidas. Deja que tu equipo se encargue de todo. Ahora mismo, tu prioridad es recuperarte».
Kristopher negó con la cabeza. «La situación de la sucursal requiere atención». Su sospecha de que ambos sucesos estaban relacionados no había hecho más que crecer.
La destrucción de los edificios no era solo un golpe a la reputación del Grupo Hudson: era un cebo destinado a atraerlo hacia una trampa mortal. Quienquiera que estuviera detrás había orquestado todo el plan con una delicadeza alarmante. Este enemigo no solo era hábil: iba en serio.
No podía permitirse bajar la guardia ahora.
«No. Tu salud es lo primero. Esto no es negociable. Si hay algo urgente, yo me encargaré de ello por ti. Pero durante estas dos semanas, descansa. Y punto».
Dayna casi nunca utilizaba un tono tan firme. De hecho, era la primera vez que le hablaba a Kristopher con ese tipo de autoridad. Preocupada por si se había mostrado demasiado enérgica, suavizó la voz.
«La operación salió bien. Te sacaron todos los fragmentos de metralla. Pero tus lesiones son graves, y esto no es algo que puedas simplemente ignorar. Mira, nunca te he pedido nada. Solo por esta vez, ¿quieres hacerme caso, por favor?». Los ojos de Dayna se llenaron de preocupación mientras observaba a Kristopher.
Sabiendo lo dedicado que era, temía que pudiera restarle importancia a sus heridas y volver al trabajo sin pensárselo dos veces.
Kristopher no respondió de inmediato. Su expresión seguía siendo tan indescifrable como siempre. Tras una pausa, finalmente cedió. «Me tomaré tres días para descansar. Pero no puedo hacer la vista gorda ante lo que está pasando en la sucursal después de eso».
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«Tres días, entonces», dijo Dayna rápidamente, aprovechando la pequeña victoria. Cualquier concesión por parte de Kristopher era algo poco habitual.
Su suite del hospital no era una habitación cualquiera: era una suite VIP de primera categoría, mucho más lujosa y mejor equipada que las habitaciones estándar. Además de la cama de hospital en la que descansaba Kristopher, había una segunda cama cerca para que un cuidador pudiera dormir un rato.
Dayna había dispuesto que le trajeran la comida tres veces al día, y toda su atención se centraba en permanecer cerca de Kristopher y cuidar de él.
Esa noche, tras instalar su propia camilla, Dayna bajó las luces, dejando solo una suave lámpara de noche encendida. La luz tenue suavizaba la habitual sensación fría y clínica de la habitación.
Tumbada allí, ya no pudo contener más su pregunta. «Kristopher, ¿por qué te lanzaste delante de mí para protegerme aquel entonces?».
Ya sabía que, si él no hubiera hecho eso, sus heridas no habrían sido ni de lejos tan graves.
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