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Capítulo 272:
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Una expresión de seriedad inquebrantable se dibujó en el rostro de Kristopher.
Siempre había creído que todo el mundo necesitaba algo en lo que volcar su energía y pasión. La gente merecía un propósito, una comunidad o, como mínimo, algo que diera sentido a sus días.
Para él, la vida de Dayna como ama de casa a tiempo completo le parecía como si estuviera encerrando su propio potencial. Quería que ella se liberara de esos muros invisibles, que no siguiera encogiéndose por el simple hecho de sentirse cómoda.
«Solo te estoy planteando la idea. Tú decides si quieres quedarte o marcharte», le dijo Kristopher, con voz firme pero amable.
Dayna no respondió de inmediato, pero sus ojos le dijeron a Kristopher que entendía perfectamente lo que quería decir. Apretó las manos hasta formar puños.
—Mi mayor preocupación es que, si me quedo, la gente podría empezar a hablar mal de ti —admitió Dayna, clavándose las uñas en las palmas de las manos—. Mi reputación ya está por los suelos. Si se corre la voz de que ahora mismo estoy trabajando en Hudson Group…
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Dudó un momento y luego levantó la vista para mirarlo a los ojos. —Es solo que no quiero meterte en mi lío.
Kristopher se encogió de hombros, con un tono ligero, casi burlón. —Que hablen. Esas cosas no me molestan, y a ti tampoco deberían molestarte.
En lo que a él respectaba, a menos que los chismes pudieran hacerle daño de verdad, no eran más que ruido.
Con una sonrisa torcida, Kristopher miró a Dayna. —Además, ¿de verdad crees que tengo una imagen impecable?
Esa broma inesperada casi hizo que Dayna se echara a reír.
La verdad era que cualquier problema que se le atribuyera a ella no era nada comparado con la reputación que tenía Kristopher.
Mientras Dayna lo pensaba, se dio cuenta de que, aparte de un divorcio complicado y un ex como Declan, no había hecho nada malo.
Además, su estado civil ya era de dominio público. Con quién decidiera estar o dónde decidiera trabajar era asunto suyo y de nadie más.
Durante mucho tiempo, Dayna se había encerrado en sí misma, convencida de que proteger a Kristopher significaba alejarse de su propia vida. Pero al fin, la niebla se disipó y pudo ver las cosas tal y como eran.
Una sonrisa sincera se dibujó en su rostro al relajarse su postura. «Ahora lo entiendo. No voy a dejarlo».
Comprendió que esquivar los susurros y esconderse de los chismes nunca haría que cesaran. Si quería acallar los rumores, tendría que enfrentarse a ellos de frente y dejar que la verdad hablara por sí misma.
Con la mente volviendo a lo que había sucedido esa mañana, el tono de Dayna se volvió seco. «¿Deberíamos plantearnos que todos los empleados se sometan a otra evaluación psicológica?».
Kristopher respondió con un asentimiento tranquilo. «Yo también lo he estado pensando».
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