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Capítulo 264:
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Nadie en la sala necesitaba que le recordaran la reputación de Kristopher: su mera presencia imponía un silencio que rayaba en la reverencia. Tentar al destino desafiándolo habría sido nada menos que firmar su propia sentencia de muerte.
No fue la mera riqueza lo que le llevó a activar la anulación de la puja más alta; fue la simple realidad de que nadie se atrevía a desafiarle.
Esta demostración de control no tenía que ver con la extravagancia. Se trataba de dejar claro un mensaje: él era intocable, y todo el mundo lo sabía.
Los nervios traicionaron a Dayna mientras lanzaba una mirada preocupada al teléfono que el subastador tenía en la mano.
Aunque la multitud temblaba ante Kristopher, seguía existiendo ese misterioso postor —el único en la sala que podría tener la audacia de plantarle cara—.
𝘐𝘯𝗴𝘳𝗲𝘴а а 𝘯𝘶𝖾𝘀𝘵𝗿𝘰 𝗀𝗿u𝘱𝗼 𝘥𝘦 𝘞𝘩𝗮𝘁𝘀𝗔pp 𝖽𝖾 ոо𝗏𝘦𝘭𝖺𝘴4𝗳𝘢𝗻.𝘤𝗈𝘮
Fuera quien fuera, su asiento al nivel de Kristopher dejaba claro que no era un jugador menor. El anonimato también enviaba un mensaje: Kristopher no tendría a quién apuntar, a menos que pudiera desenmascarar primero a su rival.
Un momento después, la voz del subastador rompió la tensión.
« Tenemos una puja del postor 22: cien millones. Pero dado que la cláusula de superación está en juego, las reglas de la subasta elevan el precio a cien millones y cien mil».
Dayna observó cómo se desarrollaba ante sus ojos otra ronda de maniobras de alto riesgo. Una vez que alguien hacía una puja a todo o nada, no había necesidad de teatralidades. Las pujas irían subiendo poco a poco hasta que los rivales se rindieran.
En teoría, las pujas podían alcanzar cotas astronómicas.
Kristopher, por su parte, seguía siendo la imagen de la compostura. Reclinado en su asiento con tranquila confianza, parecía casi distante, como si estuviera orquestando todo el asunto entre bastidores.
A Dayna le faltaban las palabras; solo podía sentarse en silencio, sin saber cómo responder.
Pasar tiempo con Kristopher últimamente le había dejado la impresión de que era accesible, incluso amable, a su manera. Pero ahora, a su lado se sentaba un hombre diferente: alguien que ejercía influencia con una autoridad tranquila.
El caos nunca parecía perturbarlo; cada movimiento parecía calculado e inevitable.
Nada en él sugería miedo. En cambio, irradiaba un dominio silencioso que lo diferenciaba de cualquier persona que ella hubiera conocido jamás.
Era difícil describir ese tipo de control: era algo que se sentía, no se oía.
Asumir riesgos no era una imprudencia para Kristopher. Era certeza, porque tenía el poder de arreglar cualquier cosa que saliera mal.
Una nueva oleada de admiración se coló en la expresión de Dayna, y sus sentimientos hacia él se volvían más complicados con cada momento que pasaba. Kristopher era verdaderamente único en esta ciudad, inigualable en todos los sentidos.
Volviendo la mirada al escenario, se preparó para lo que pudiera venir a continuación.
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