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Capítulo 84:
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«Acabo de ir a echar un vistazo a la habitación de invitados y he encontrado a la hija de la señora Jones sola en el baño. Me ha preguntado dónde estaba su madre. He buscado a la señora Jones por toda la villa y no la he encontrado», informó la criada.
Al oír eso, Olivia miró rápidamente a Edward. Antes de que pudiera detenerlo, él ya había salido del baño.
Él respondió con calma: «Está aquí conmigo».
Hubo un instante de silencio al otro lado de la puerta.
«Yo… debería irme ya. Por favor, perdóneme, señor Edward. Siento mucho haberles interrumpido a usted y a la señorita Jones…»
Olivia oyó la voz de la criada, apresurada y nerviosa, seguida del sonido de unos pasos que se alejaban por el pasillo.
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«¡Espera, eso no es lo que ha pasado!», exclamó Olivia corriendo hacia la puerta, con ganas de explicarse. Pero cuando la abrió, no había nadie en el pasillo, como si todo hubiera sido una ilusión.
Tenía ganas de llorar, pero no le salían las lágrimas. Sabía que ya no había forma de aclarar aquel malentendido.
«¿Es que todos los sirvientes de esta casa aparecen de la nada así sin más?», preguntó con amargura, volviéndose hacia Edward.
Él no entendía nada y la miró, frunciendo el ceño.
«¿Qué está pasando?»
«No importa, no es nada», dijo Olivia, sabiendo que no tenía sentido intentar explicar cómo la gente podía malinterpretar la situación. No se molestó en hacerlo. Apretándose las toallas contra el pecho, se dio la vuelta para marcharse.
Al llegar al pasillo, se le ocurrió algo. Se volvió y dijo: «Por cierto, si tienes tiempo, pasa más tiempo con Lucas. Me he dado cuenta de que parece un poco inseguro. ¿Has visto lo feliz que estaba hoy, jugando con Emma? De verdad necesita compañía. No puedes seguir dejándolo solo o al cuidado de otras personas todo el tiempo. Necesita a alguien que se preocupe por él, alguien que esté ahí para él y que cuide de él».
En un principio había querido preguntarle si de verdad tenía intención de casarse con Viola. Lucas parecía claramente incómodo en presencia de la famosa actriz, y había algo en aquella mujer que tampoco le cuadraba a Olivia.
Pero, tras pensarlo un momento, consideró que no le correspondía a ella preguntar algo así. Podría dar la impresión de que tenía segundas intenciones, así que se contuvo.
Al fin y al cabo, era un asunto familiar que no tenía nada que ver con ella.
Al observar la expresión sincera y preocupada de Olivia, a Edward se le ocurrió de repente una idea.
Sin pensarlo demasiado, soltó: «Podrías quedarte aquí a partir de ahora, para cuidar de él».
Su voz grave resonó con claridad en la espaciosa villa. Olivia lo miró fijamente, atónita.
«¿Qué… qué quieres decir?».
Edward frunció ligeramente el ceño —un detalle que a ella se le pasó por alto— y en sus ojos se reflejó una leve sorpresa, como si ni siquiera él se creyera del todo lo que acababa de decir. Rápidamente apartó la mirada, evitando la de ella. Cuando volvió a hablar, su tono se había vuelto mucho más distante.
«Te pagaré el triple de lo que ganas como directora del hotel. Considéralo tu sueldo por cuidar de Lucas como su niñera».
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