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Capítulo 588:
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«No quiero nada. ¡Suéltame, vámonos ya mismo!».
El público seguía aplaudiendo y riéndose, ajeno a la mezcla de enfado y vergüenza que se le leía en el rostro a Olivia.
A continuación, una de las parejas fue eliminada, quedando solo tres parejas aún en competición.
Olivia pensó que, con un poco de suerte, quizá pudieran cambiar de posición… pero entonces la voz del presentador retumbó por los altavoces.
«¡Atención, todos! A partir de ahora, las reglas cambian temporalmente. Las tres parejas restantes deben besarse mientras mantienen su pose. ¡La pareja que aguante más tiempo gana!»
El público estalló en vítores y cánticos.
«¡Beso! ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso!».
Olivia palideció por completo.
«Edward, suéltame. No quiero el premio».
P𝖣𝗙 𝗲n ո𝘶𝗲𝘀𝘁𝗿𝗈 Tе𝗅е𝗴𝘳аm 𝗱𝘦 n𝗈velаѕ𝟰𝗳𝖺n.𝗰𝗈m
El presentador alzó el micrófono.
«Voy a empezar la cuenta atrás. ¡Listos!».
«Edward, suéltame», suplicó ella, forcejeando en vano contra su abrazo.
«Tres…».
«No quiero este premio, ¿me oyes? Si te atreves a besarme, esta noche dormirás en la calle».
«Dos…»
«Uno… ¡Ya!»
El público rugió. Las otras dos parejas se besaron de inmediato, entre aplausos y gritos.
Olivia miró a Edward, que aún no había acortado la distancia entre ellos, y soltó un suspiro de alivio.
«Menos mal que todavía sabes cómo…». No llegó a terminar la frase.
Los labios de Edward se posaron sobre los suyos.
El tiempo pareció detenerse.
Olivia lo miró fijamente, furiosa y atónita, incapaz de creer que realmente lo hubiera hecho. Luchó por apartarse, pero sus fuertes manos la sujetaban con firmeza por la cintura.
Sus esfuerzos resultaron inútiles y, poco a poco, sus fuerzas se fueron agotando.
La voz del presentador se desvaneció en la lejanía, como el murmullo de una brisa de verano.
Lo único que podía oír era el sonido entrecortado de su propia respiración y el roce de los labios de Edward contra los suyos.
Y en algún momento de aquel beso, algo dentro de ella cedió.
Como una luz cálida que atravesaba un muro que había tardado tanto tiempo en construir.
Su cuerpo se relajó y cerró los ojos. Dejó de resistirse.
Simplemente… se dejó llevar.
Cuando el presentador por fin les pidió que pararan, ambos respiraban con dificultad, con un fino velo de sudor sobre la piel.
«¡Increíble!», anunció el presentador, emocionado. «Esta pareja acaba de batir el récord de hoy. ¡Trece minutos y catorce segundos sin separarse!».
Olivia abrió los ojos de par en par.
Las otras dos parejas ya se habían puesto en pie y los observaban entre risas y aplausos.
El público vitoreaba; ella, por su parte, deseaba que la tierra se la tragara.
«¡Enhorabuena! Vosotros dos sois los ganadores del primer premio de esta noche: una bicicleta nueva».
Olivia se cubrió la cara con la capucha de la chaqueta y siguió a Edward entre la multitud, mientras los espectadores seguían aplaudiendo y riendo a su alrededor.
Cuando vio el premio —una bicicleta rosa reluciente—, murmuró resignada: «¿No habíamos venido aquí por el chocolate?».
Edward la miró con una media sonrisa.
«Podríamos cambiarla por el premio del segundo puesto».
«Ni se te ocurra», dijo Olivia, con solo los ojos visibles bajo la capucha. «La bicicleta vale más».
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