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Capítulo 442:
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La brisa nocturna soplaba mientras él la atraía hacia sí en un cálido abrazo. Ella ya no pudo contenerse más; las lágrimas brotaron, resbalando por sus mejillas.
A pesar de los sollozos, un leve murmullo se le escapó.
«Cabrón…»
Y al final, se acurrucó contra él, sintiéndose frágil y reconfortada a la vez.
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Si la gente fuera siempre sincera entre sí, no habría tantos malentendidos. Pero hasta que alguien daba ese primer paso, ninguno de los dos sabía realmente lo que el otro sentía de verdad.
De vuelta en el coche, Olivia estornudó. Edward apagó el aire acondicionado y, preocupado, le envolvió con su chaqueta.
«Tómate un poco de té».
«Gracias».
Olivia se sonó la nariz mientras cogía la taza.
Ninguno de los dos mencionó lo que acababa de pasar; ambos se habían calmado.
¡Qué vergüenza! ¡Dos adultos discutiendo como niños en una carretera desierta!
Al cabo de un rato, Edward rompió el silencio.
«Sobre el incendio… descubrimos la verdad antes de que dimitieras. Fue Baron quien lo provocó. Lucas había entrado en la cámara frigorífica justo en ese momento. Baron nunca lo admitió, pero es probable que fuera él quien dejara inconsciente a Emma. Es solo que hasta ahora no había tenido ocasión de contártelo».
Olivia asintió.
«Lo sé».
Sus palabras tenían un doble significado. El primero era que ella misma había ido a Guangdong para llegar al fondo del asunto; había sido ella quien había dejado esas pistas a su asistente en el Hotel ST. Si no lo hubiera hecho, ¿qué podrían haber logrado por su cuenta esos inútiles agentes de policía locales?
El segundo significado era que entendía por qué Edward no se lo había contado una vez que todo quedó claro. Brook Jones había estado hospitalizado en estado crítico en aquel momento y, además, ella acababa de romper con Edward. Dado su temperamento, tenía sentido que él no se hubiera acercado a ella en esas circunstancias.
«¿Y qué hay de quien realmente estaba detrás de todo esto?», preguntó Olivia.
Baron no era más que un aprendiz de algún remoto pueblo pesquero. Nunca habría hecho algo tan cruel a un niño a menos que alguien lo hubiera manipulado, cegándolo con la codicia. Y no había actuado solo: había habido cómplices. Por ejemplo, las dos camareras del hotel que le habían dicho a Olivia que Lucas había ido al baño. Era como si las hubieran colocado allí deliberadamente para despistarla, haciendo que todo pareciera una mera coincidencia.
«Fue Addison quien lo hizo. Me aseguraré de que se disculpe contigo y con Emma».
La acusación directa de Edward dejó a Olivia atónita.
«¿Te sorprende?», preguntó él, mirándola, desconcertado. «¿No sospechabas ya de ella?».
El fuego se había iniciado justo en la entrada de la cocina aquel día. ¿Por qué se había precipitado Addison directamente allí, si nadie sabía siquiera que Lucas estaba en la cocina? Después, cada vez que Edward intentaba hablar con ella sobre lo ocurrido, Addison había eludido el tema, visiblemente nerviosa.
Si realmente había salvado a Lucas, pero luego se mostraba tan reacia a hablar de ello, esa reticencia parecía menos modestia y más pánico. Solo eso ya le hacía sospechar.
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