✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 400:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
«¿No estaba casado tu hermano?»
La voz de Edward resonó a su lado, teñida de un evidente descontento.
«¿No lo sabías?», preguntó Addison mirándolo, fingiendo sorpresa. «Mi cuñada se mudó a Estados Unidos después de tener a mi sobrina. Se divorciaron hace cinco años, pero lo mantuvimos en secreto. Incluso nuestros padres apenas se enteraron hace poco, y desde entonces no han dejado de presionarlo para que encuentre otra esposa».
El ceño fruncido de Edward se acentuó aún más. Al ver a Cleveland y a Olivia riendo y charlando juntos, sintió que un gran peso se le posaba sobre el pecho, asfixiándolo. Había pensado que, tras una semana fuera, dándole espacio, ella ya se habría calmado a estas alturas. Pero nunca imaginó que Olivia se mostraría tan despreocupada, sonriendo junto a otro hombre. Ni siquiera parecía molesta por lo que había pasado antes; más bien, parecía feliz. Demasiado feliz.
ոo𝘷𝖾lа𝗌 𝗲𝗻 𝘵𝖾𝘯𝗱𝘦n𝘤𝗶a 𝖾ո 𝗻𝗈𝘃е𝗹𝗮𝘀4𝖿an.𝘤𝗈𝗺
—Edward, mi hermano está aquí —le recordó Addison con delicadeza.
—Tengo algo que resolver. Hablaremos más tarde —respondió secamente, soltándose del brazo de ella y alejándose a zancadas.
Addison lo vio alejarse, mordiéndose el labio hasta dejar una leve marca. Sus ojos, oscuros y fríos, brillaban con una mezcla de celos y resentimiento.
Edward apenas había dado unos pasos cuando lo detuvo una mujer elegante que emergía de entre la multitud: la madre de Addison.
—Edward, por fin estás aquí. Tu tío te ha estado esperando —dijo con calidez, tomándole del brazo con naturalidad.
El nombre de Edward, pronunciado con tanta cercanía, no pasó desapercibido para Olivia. Miró instintivamente hacia allí y vio a la mujer, refinada y encantadora, hablando con él de forma íntima.
Justo en ese momento, la voz tranquila y cortante de Cleveland sonó a su lado.
«Esa es mi madre. Quizá aún no lo sepas, pero Edward y ella siempre han estado muy unidos… prácticamente como madre e hijo».
La sonrisa de Olivia se congeló al instante. Una amarga rigidez se apoderó de sus rasgos.
Ese era el verdadero don de Cleveland: localizar los puntos débiles de alguien con precisión quirúrgica y atacar sin piedad.
Ahora lo entendía. Su relación con Edward nunca se había asentado sobre una base sólida; bastaba un atisbo de duda para que se resquebrajara por completo. Y a medida que asimilaba esa realidad, no pudo evitar reírse amargamente de sí misma. Qué ingenua había sido al pensar que podría cambiar algo en él.
Los dos, ella y Edward, siempre habían sido incapaces de dar un paso atrás. Cada palabra que intercambiaban no era más que otro corte, desprecio disfrazado de conversación.
La tensión se mantuvo hasta que Edward, tras terminar de saludar a la madre de Cleveland, se dirigió directamente hacia ellos.
—¿Qué haces aquí? —preguntó con voz grave, plantándose frente a Olivia. Su mera presencia resultaba abrumadora.
—¿Tengo que informarte de cada paso que doy? —replicó ella, irritada—. No te olvides de que ya no trabajo en tu hotel.
—Te suspendieron. No dimitiste —la corrigió Edward con frialdad.
—Y en cuanto termine mi suspensión, dimitiré. Al fin y al cabo, da lo mismo —respondió Olivia con firmeza.
Edward parecía a punto de estallar, pero al ver a Cleveland cerca, contuvo su ira. Agarró a Olivia del brazo con brusquedad y le ordenó: «Ven conmigo».
.
.
.