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Capítulo 324:
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Los dos salieron del baño. Olivia guardó la base de maquillaje en su bolso, mientras que Edward, sin preguntar, cogió el joyero.
«¿Por qué no esperas a mudarte hasta que vuelva de mi viaje?»
«No hace falta. No tengo mucho que trasladar. Puedo apañármelas sola». Olivia levantó la barbilla, decidida. «El piso es muy espacioso. Y, ya que crees que Lucas debería pasar más tiempo conmigo, esto facilitará las cosas de todos modos».
Edward no respondió de inmediato. Se limitó a levantar las cejas y se quedó en silencio.
«Ah, por cierto», añadió Olivia, con un toque de ironía en la voz, «saluda a Jennifer de mi parte, si te la encuentras durante tu viaje».
Abrió el joyero y suspiró.
«Jennifer me dio esto antes de marcharse. Dijo que le recordaba a su hija, ya que tendría más o menos la misma edad».
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«¿Jennifer te dio esto?», preguntó Edward mirándola fijamente, frunciendo el ceño, de repente serio.
«¿Qué pasa?», preguntó Olivia, mirándolo, confundida.
Él no respondió de inmediato. Tras examinar el pendiente detenidamente, entró en su estudio, sacó una vieja fotografía en blanco y negro y se la mostró a Olivia.
La foto mostraba a una joven, tal vez de dieciocho o diecinueve años. Su belleza era elegante, casi distante. Alrededor de su cuello colgaba un collar de oro con dos piezas de jade —una grande y otra pequeña—, a juego con un par de pendientes hechos de la misma piedra. Aunque el paso del tiempo había desgastado la fotografía, los contornos del jade seguían siendo nítidos y claros.
«¿Es esta…?» preguntó Olivia, sorprendida.
Edward comparó el pendiente con la imagen y luego asintió.
«Era mi abuela. El jade era una reliquia familiar. Todavía conservo uno de los pendientes; el que tienes tú se vendió durante la guerra, cuando la mansión de los Campbell fue embargada y mi abuela tuvo que encontrar una forma de cubrir los gastos de la casa».
La mirada de Olivia se posó en la piedra engastada en el pendiente. Su contorno coincidía perfectamente con el de la fotografía.
«¿Estás diciendo que… esta es la misma pieza de jade?».
Edward asintió con seriedad.
Nadie podría haber imaginado que esta reliquia familiar perdida cruzaría océanos y acabaría en manos de Jennifer… y que ahora, por algún extraño giro del destino, volvería a los Campbell a través de Olivia.
«¿Y el collar?», preguntó Olivia rápidamente.
Al mencionarlo, Edward frunció el ceño.
«Me lo regaló mi abuelo, pero, por desgracia, lo perdí hace seis años».
Olivia se quedó paralizada. Sus manos se cerraron en puños sin que se diera cuenta, y su rostro se tensó por un repentino nerviosismo.
Ese collar del que hablaba… tenía que ser el mismo que ella le había quitado del cuello aquel año.
«¿Qué te pasa? ¿En qué estás pensando?».
La voz de Edward la sacó bruscamente de sus pensamientos. Olivia se recompuso y respondió con calma.
«Nada. Solo me ha sorprendido. Nunca habría imaginado que este pendiente tuviera alguna conexión con la familia Campbell».
«Quizá sea el destino».
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