✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 204:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Intenté coger el agua y, sin querer, se me cayó el móvil al suelo. Se me escapó un grito ahogado y me agaché para recogerlo, pero él se estiró a por él en ese mismo instante, lo que nos dejó congelados en esa postura, con las caras muy cerca. Podía sentir su aliento en mi piel mientras nos mirábamos.
Sin querer, le eché un vistazo a su boca durante un segundo más o menos y luego aparté la mirada. Sus labios eran… bonitos.
Agarré mi móvil y me enderezé, mirando a cualquier parte menos a él.
—Haré algo más que ayudarte a conseguir el permiso —dijo, carraspeando.
Esperé a que terminara, porque lo que había dicho me había dejado desconcertada.
—También iré contigo —dijo.
Volví a mirarlo.
—¿Perdón?
Punto de vista de Alaric
Llevaba una hora sentado en mi escritorio sin conseguir nada útil.
𝖳𝗎 𝗽𝗿𝗈́𝘹𝗂𝘮𝘢 𝗹𝖾с𝘵𝘶𝗿𝖺 𝗳𝖺𝗏𝗼𝗋i𝘁𝖺 е𝘀𝘁𝖺́ 𝘦𝗻 𝗻o𝘃𝗲l𝗮𝘴4𝗳𝘢𝗻.𝖼o𝗺
El papeleo que tenía delante llevaba en la misma disposición desde que me senté. Había leído el mismo párrafo del informe sobre infraestructuras regionales cuatro veces y no había asimilado nada. Reid había entrado una vez, había evaluado la situación desde la puerta y se había marchado sin decir palabra, lo cual era la reacción correcta y se lo agradecí. No quería que nadie me hablara en ese estado.
Estaba pensando en la competición.
Más concretamente, estaba pensando en Rowena con su mono de carreras en el recinto de Starlight, quitándose el casco y sacudiéndose el pelo con la serenidad de alguien que nunca había considerado que existiera otra posibilidad. Había sentido el impulso de arrancarle los ojos a los hombres que la miraban fijamente y comentaban lo bonito que tenía el pelo. Pero no podía, porque ella no era mía y yo no tenía derecho a actuar según mis pensamientos. Si por mí fuera, todos habrían desaparecido antes de que se dieran cuenta.
Luego pensé en cómo la había visto conducir desde el mirador que había elegido sobre la pista: la forma en que su coche se movía con una precisión que iba más allá del entrenamiento, la forma en que había manejado a Kaelen durante ambas mangas con una paciencia que muy pocos pilotos de aquel recinto habían mostrado en todo el día.
La había subestimado.
Ese era el pensamiento sincero que se escondía tras todos los demás. Sabía que era extraordinaria. La había observado el tiempo suficiente y con la suficiente atención como para comprender que no era una persona corriente que actuara de forma corriente. Pero en algún rincón de mi mente había albergado una silenciosa suposición sobre los límites, sobre lo que era razonable esperar incluso de alguien excepcional.
Ella había desmontado esa suposición esta tarde, en una pista de competición, ante varios miles de personas y un gran número de cámaras.
También estaba pensando en su abuela, Seraphine, y en cómo abordarla. Me había enterado del arresto domiciliario y, antes de que pudiera hacer nada, Rowena se había encargado ella misma del asunto, como de costumbre.
Aun así, el arresto domiciliario seguía siendo un problema. No porque no pudiera anularlo. Podía hacerlo; la autoridad existía, y Seraphine sabía que existía. Pero recurrir a ella dañaría algo que no quería dañar. La relación de Rowena con su abuela era una de las pocas cosas genuinamente sencillas en su vida, y yo no iba a entrometerme en ella con la fuerza institucional y destrozarla.
Tenía que haber otra forma.
.
.
.