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Capítulo 979:
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Apreté la toalla con fuerza mientras reflexionaba sobre sus palabras. Al final, pregunté: «Una vez que tengamos el antídoto, ¿qué piensas hacer con Melisa?».
Una mirada más fría se apoderó de sus ojos. Su respuesta fue firme, pero la ira que se escondía tras ella era inconfundible. «Ella ha provocado esta situación. Ha ocultado deliberadamente el antídoto mientras ponía tu vida en peligro una y otra vez. Lianne, no tengo intención de dejarla escapar. Cualquiera que decida hacerte daño responderá por ello».
Lo miré fijamente, dividida entre comprender su ira y sentir inquietud por lo que pudiera depararle el futuro a Melisa. Sabía que cada paso que había dado tenía como objetivo protegerme. Aun así, no podía ignorar por completo la idea de lo que pudiera pasarle a ella.
«Ethan, yo…»
No tuve oportunidad de terminar. Se inclinó hacia mí, deslizando una mano detrás de mi cabeza, y presionó sus labios contra los míos.
El beso repentino acalló el resto de mi frase.
Su beso tenía una intensidad castigadora, como si quisiera recordarme que no olvidara mi promesa.
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Cuando por fin se apartó, mantuvo su frente apoyada contra la mía, con nuestras respiraciones aún entremezclándose. Su voz era suave, pero firme. «Me diste tu palabra de que no te entrometerías. No lo olvides».
Le miré a los ojos. No había incertidumbre en su expresión, solo una determinación inquebrantable. Tras un instante, asentí a regañadientes.
Eso le bastó. Me besó en la frente y luego me atrajo contra su pecho. Su tono se suavizó considerablemente. «Duérmete. Yo me encargaré de todo lo demás. Tu única tarea es recuperarte y esperar el antídoto».
Me recosté contra él, escuchando los latidos regulares bajo su pecho. Cerré los ojos, pero el sueño se resistía a llegar. Los planos del estudio por fin habían sido aprobados y la construcción había comenzado oficialmente.
Tenía que admitir que la participación de Noah me había quitado un enorme peso de encima. Ethan se había encargado expresamente de que él me ayudara, y Noah se ocupaba de cada tarea con una eficiencia notable. Trataba con los proveedores de material de oficina, comparaba presupuestos, negociaba precios y llevaba un control de los detalles que, de otro modo, me habrían costado mucho gestionar.
Hoy incluso había encontrado un proveedor dispuesto a ofrecer un precio casi un veinte por ciento inferior al habitual en el mercado. No pude evitar mirarlo con admiración. «Noah, si alguna vez decides dejar el Grupo Voss, te voy a fichar para mí».
Se rió y enseguida hizo un gesto con las manos. «Por favor, no digas cosas así. Si Alpha te oye, me recortará el sueldo».
Me reí con él antes de cambiar de tema y hablar de su vida personal.
Noah ya no era precisamente joven y, por lo que me había contado, sus padres llevaban bastante tiempo insistiéndole con lo del matrimonio.
«Eres de fiar, paciente y responsable», le dije. «Cualquier mujer tendría suerte de tener a alguien como tú. Cuando conozcas a alguien que de verdad te guste, no dejes pasar la oportunidad».
Se frotó el lado de la nariz, mostrando de repente cierta incomodidad. Antes de que pudiera seguir bromeando con él, rápidamente desvió la conversación hacia otro tema.
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