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Capítulo 988:
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Por fin podía estar a solas con él.
Sin embargo, cuando llegó el momento, se quedó sin palabras. Su resentimiento se disipó al verlo, sustituido por un profundo anhelo. Simplemente ansiaba mirarlo.
Milton dirigió su atención a su rostro. Tenía sentimientos encontrados sobre lo que ella había hecho. No había previsto su insistencia en buscarlo. Ella podría haberle presionado para obtener respuestas, pero decidió no hacerlo. En cambio, su mirada afectuosa derritió su corazón.
Sintió un deseo abrumador de correr hacia ella y abrazarla con fuerza. Era un impulso visceral, casi incontrolable.
Candice se limitó a mirarlo durante un largo rato.
El silencio entre ellos le permitió notar que él respiraba con dificultad. Él permaneció inmóvil, lo que la dejó perpleja. No podía comprender su repentino cambio de actitud, ni su necesidad de reprimir sus emociones genuinas.
Así que decidió dar un salto de fe.
Con un repentino fruncimiento de ceño, extendió la mano, se cubrió el corazón con ella, se encogió ligeramente y simuló tener dificultad para respirar, como si estuviera angustiada.
Comenzó a hablar con dificultad, tambaleándose como si estuviera a punto de desmayarse. Tal y como había previsto, él se acercó para sujetarla. El familiar aroma de su masculinidad y el calor de su abrazo reavivaron su profundo anhelo. Lo había echado de menos durante demasiado tiempo y ahora, entre sus brazos, por fin se sentía liberada.
—¿Qué te pasa? ¿Estás bien? ¿Tienes un ataque al corazón? —Milton se preocupó y levantó a Candice con delicadeza.
La sentó en el sofá, le tomó el pulso y contó sus latidos. Su corazón latía ligeramente acelerado, aunque dentro de los límites normales.
«La operación de corazón fue un éxito, ¿verdad? Dijeron que te habías recuperado estupendamente. ¿Cómo te encuentras ahora? ¿Te falta el aire? ¿Te duele el pecho?». Su preocupación y ansiedad eran evidentes. Se acercó para tocarle la mejilla y notó que estaba sudando y que su cuerpo temblaba ligeramente. ¡Nunca había estado tan ansioso!
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En realidad, Candice temblaba de emoción, ya que solo fingía estar angustiada.
Se había recuperado completamente después de la cirugía. Tal y como sospechaba, el hombre que tenía delante seguía profundamente preocupado por su bienestar. A pesar de sus intentos por ocultarlo, su ansiedad era evidente.
Candice sonrió, contando eso como una victoria.
Señaló su corazón y dijo: «Me duele aquí. Necesito un masaje».
Tomó su mano y la colocó sobre su corazón, con seducción en los ojos. Milton, sin dudarlo, comenzó a masajearle el corazón con suave urgencia.
«Espera, llamaré al médico», dijo, buscando su teléfono.
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