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Capítulo 962:
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Al llegar a la sala de reanimación, Greyson trasladó con cuidado a Candice a la cama.
Con un movimiento rápido, un médico le administró los medicamentos necesarios. Sin embargo, el monitor de ECG mostraba un panorama desolador. Su presión arterial y su ritmo cardíaco seguían cayendo en picado.
Milton estaba consumido por la ansiedad, el peso de su preocupación pesaba sobre sus hombros. Sentía una mezcla de incertidumbre y miedo por lo que le esperaba. A pesar de que los médicos luchaban valientemente por salvarla, le costaba creer que fuera real.
De repente, un sonido largo y agudo llenó el aire.
El monitor indicaba que el corazón de Candice había dejado de latir. Miró con los ojos muy abiertos la línea plana de la pantalla. Su mente se quedó en blanco y un zumbido ensordecedor llenó sus oídos. Entonces, fue como si los vasos sanguíneos de su cabeza se rompieran y cada fibra de su ser temblara. Un frío escalofriante se apoderó de él.
No podía aceptar que el corazón de Candice hubiera dejado de latir.
¿De verdad se había ido?
¿Había muerto tan fácilmente? ¿Había muerto delante de él?
Resultó que era difícil reaccionar ante la muerte. Milton estaba extremadamente débil, apoyado contra la pared. No podía moverse ni pensar con claridad.
Estaba en estado de shock, pero su corazón estaba lleno de indignación. Tenía muchas ganas de gritar y pedirles que la salvaran, pero no podía articular palabra.
Nunca pensó que podría sentirse tan impotente.
Mientras tanto, Greyson estaba casi desesperado al ver la línea plana en la pantalla.
Al darse cuenta de la desesperación de Greyson, otro médico de urgencias tomó el relevo y continuó bombeando el pecho de Candice en su lugar.
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«¡No pares! ¡No te rindas!», le gritó a Greyson, tratando de que recuperara la cordura.
Cuando Greyson volvió a la realidad, rápidamente trajo el desfibrilador.
Con cada descarga, el delicado cuerpo de Candice se sacudía, y esto se repitió una y otra vez.
Lo repitieron varias veces.
Después de mucho tiempo, los médicos y enfermeras de la sala estaban agotados.
Todos pensaban que no habría milagro. De repente, el corazón de Candice comenzó a latir de nuevo.
¡Estaba viva!
El médico estaba tan cansado que casi se derrumba en el suelo.
Milton levantó la vista con alegría. Sin embargo, la alegría lo debilitó aún más.
Era estupendo. Todavía había esperanza para ella.
Greyson también se calmó, pero seguía sudando profusamente. «Preparen la operación. También necesito un examen cardíaco durante la operación. Preparen la sangre», ordenó sistemáticamente.
En ese momento, una enfermera preguntó: «¿Cuál es su grupo sanguíneo?».
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