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Capítulo 942:
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Fue un shock inesperado para todos los presentes. Tanto Catherine como la maquilladora se quedaron allí, atónitas, incapaces de comprender lo que acababa de suceder.
La maquilladora se sintió culpable. «Lo siento, señorita Blake, es todo culpa mía. Debería haber tenido más cuidado».
Candice, tras recuperar la compostura, tranquilizó a la maquilladora con delicadeza: «No, no es culpa tuya. Yo no lo he manejado bien».
«Déjeme atender su herida», dijo Catherine con expresión decidida, presionando con firmeza los dedos de Candice para detener la hemorragia. A continuación, le preguntó: «¿Tiene un botiquín en casa?».
«Sí», respondió Candice, con voz tranquila pero teñida de urgencia. Señaló hacia el armario del salón y le indicó: «Está allí. Abra la puerta blanca y lo encontrará en el segundo estante».
La maquilladora se apresuró a buscar la caja.
Mientras tanto, Catherine atendió con atención la herida de Candice, desviando brevemente la mirada hacia el vestido manchado.
—Señorita Blake, espere un momento —intervino Catherine en voz baja. «Yo me encargo de la falda. No se preocupe».
Con delicada precisión, Catherine aplicó un detergente profesional sobre la mancha de sangre y la eliminó con cuidado, utilizando un pequeño secador de pelo para acelerar el proceso de secado. A continuación, planchó con destreza la zona afectada. Aunque el vestido parecía bien restaurado, Catherine sabía que estaba lejos de ser perfecto. Sin embargo, era el mejor resultado que podía conseguir dadas las circunstancias.
La maquilladora miró su reloj y anunció: —Es hora de irnos.
Candice asintió, levantó con elegancia el vestido y salió.
Ese día, Jarrod esperaba a Candice en la puerta, junto a un Bentley alargado.
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Tras un breve intervalo, llegaron al exclusivo club de lujo Harewia, donde se celebraría la fiesta de compromiso de esa noche. El club, propiedad de la prestigiosa Royal Garden Corporation, permanecía cerrado al público. Servía como lugar de reunión privada de la familia López y como escenario distinguido para recibir a invitados notables, entre los que se encontraban miembros de la realeza extranjera, la nobleza y personalidades de primer nivel.
Toda la estructura parecía flotar majestuosamente en el centro de una prístina masa de agua. Un elegante puente con arco conectaba la puerta con el edificio principal, realzando el encanto del lugar.
Al caer la noche, las luces vibrantes bailaban bajo la superficie del lago, y sus coloridos reflejos se ondulaban con cada suave brisa. El encantador espectáculo parecía un paraíso terrenal.
Mientras tanto, en el salón de banquetes, Candice hacía su entrada, mientras Catherine y la maquilladora esperaban pacientemente entre bastidores.
Habían llegado temprano y la mayoría de los invitados aún no habían hecho acto de presencia.
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