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Capítulo 1018:
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Su modus operandi habitual con Raúl era llevar la iniciativa, pero ahora percibía un cambio inesperado en la dinámica entre ellos.
«¿Por qué me preguntas todo esto? Solo quería hablar de volver a mudarme…», comenzó a decir, pero se vio interrumpida.
Los ojos de Bettina se abrieron de par en par. Él la besó para hacerla callar. Se inclinó hacia delante, le puso las manos en la nuca y la atrajo hacia sí para besarla.
Sus labios se encontraron con los de ella con maestría, en una mezcla de ardor y refinamiento que la dejó hechizada.
En medio de ese beso francés, Bettina cerró los ojos y se dejó llevar a un reino de placeres extasiantes.
¡Era su primer beso!
Cuando sus labios finalmente se separaron, Bettina mantuvo los ojos cerrados, con los sentidos aún atrapados en el recuerdo del beso.
Raúl, con una sonrisa cálida y gentil, le acarició tiernamente la mejilla. —Oye, ¡fue real!
Bettina abrió los ojos de golpe y se encontró con el hermoso rostro de Raúl inclinado hacia ella.
Ella se sonrojó, sorprendida, y lo apartó ligeramente antes de desviar la mirada hacia la mesa. «Tengo hambre. Comamos».
Sentado a su lado, Raúl cogió dos piezas de sushi. «Prueba este sushi con caviar. Es mi favorito».
«De acuerdo», respondió Bettina, saboreando un bocado.
El sushi estaba realmente exquisito, recién comprado sin desviarse de su camino a casa.
Con la barbilla apoyada en una mano, Raúl la miró con afecto en los ojos.
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Luego, en un tono más serio, abordó un tema delicado. «Bettina, no te mudes. Quédate conmigo. Una partida repentina solo dará lugar a malentendidos dentro de tu familia. Tu madre se hará una idea equivocada y vendrá a hacerme preguntas, y tu hermano sin duda me pedirá explicaciones. Eso solo complicará las cosas».
Bettina se quedó en silencio, luchando con la verdad de sus palabras.
Era evidente que Raúl la quería mucho y que estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para tenerla cerca.
Mientras pensaba en su próximo paso, se dio cuenta de que era incapaz de expresar su deseo anterior de mudarse, ¡ya que, después de todo, quizá no estaba tan segura de querer hacerlo!
Esa noche, Bettina se sintió inquieta, dando vueltas en la cama, incapaz de conciliar el sueño.
¡Maldita sea! ¡Había caído en la trampa de Raúl!
La frustración la invadió. Tenía la intención de hablar con Raúl sobre mudarse antes, pero él había desviado hábilmente la conversación, dejándola con sentimientos sin resolver.
El recuerdo de su beso antes de la cena persistía, distrayéndola aún más.
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