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Capítulo 1015:
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«¡Maldita sea!», maldijo Raúl mientras daba una patada a la puerta de cristal cercana.
¡Bang! El estruendo del cristal rompiéndose resonó en el pasillo.
Raúl siempre había sido tranquilo y nunca había descargado su ira con tanta fuerza. No podía olvidar el apoyo incondicional de Milton: su preocupación por los asuntos de la familia Hinks, la empresa creada a su nombre y el proyecto Denm que le había cedido, todo lo cual constituía una base sólida para sus ambiciones.
Milton le había transferido sus acciones y proyectos a él y a su empresa. Milton le había ofrecido llevarlo en coche mientras él tomaba represalias y, para colmo, ¡había invertido treinta mil millones de dólares!
En otras circunstancias, Raúl se habría alegrado muchísimo.
Pero ahora estaba preocupado por Milton, que se había distanciado y parecía perdido.
¡Maldita sea! La situación era mucho más compleja de lo que Raúl había pensado inicialmente.
Mientras tanto, Milton se quedó solo en su oficina, todavía fijado en la montaña Sowley cubierta de nieve, perdido en sus pensamientos. Conocía la difícil situación mejor que nadie.
Su padre, Arlo, seguía en coma, y su tía causaba problemas dentro de la familia. Quizás su abuelo estaba descontento con esto, y su madre había decidido soportarlo todo.
En ese momento, todo le parecía completamente sin sentido.
La gloria de la Royal Garden Corporation, su puesto de director ejecutivo, su riqueza y el poder de controlar todo le parecían vacíos. ¿Qué había ganado realmente con todo eso?
Milton nunca se había sentido tan pobre, tan vacío.
Había alejado a todos los que se preocupaban por él, aislándose para soportar solo el peso de sus penas.
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Al caer la noche sobre el apartamento Sunset, Raúl regresó y se encontró en la peculiar situación en la que se encontraba con Bettina. Aunque seguían compartiendo el mismo techo, habían decidido dormir por separado, cada uno en su habitación. Era un reconocimiento tácito del cambio en la dinámica entre ellos.
Raúl, siempre perspicaz, había notado la distracción de Bettina desde su reciente encuentro con Bart. Evitó con tacto mencionar a Bart en casa para preservar su frágil fachada de alegría. Detrás de su habitual sonrisa se escondía una vulnerabilidad que ella se esforzaba por ocultar.
Los últimos dos días habían sido especialmente difíciles para Bettina, agravados por la marcha de Candice.
Para animarla, Raúl llegó a casa esa noche con un exquisito surtido de sushi, con la esperanza de que los sabores le proporcionaran algún consuelo.
Al abrir la puerta, Raúl se encontró con Bettina sentada en el sofá, perdida en sus pensamientos, abrazando un cojín contra el pecho.
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