✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 66:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Max sabía muy bien que en su mundo no había lugar para la debilidad y que solo los más fuertes y despiadados podían sobrevivir.
En una habitación iluminada suavemente por la luz de las velas, llena de la fragancia de flores fragantes, Amelia estaba de pie con su elegante vestido, esperando ansiosamente ver qué haría Max. El vestido que llevaba resaltaba los detalles de su figura con gracia y elegancia, y estaba hecho de tela azul oscuro. Las mangas cortas y ligeramente abullonadas estaban confeccionadas con tela transparente adornada con pequeños lunares, lo que añadía un delicado toque femenino a su apariencia. El escote redondo y amplio del vestido le daba un aspecto clásico y cómodo, mientras que se ceñía a la cintura para acentuar su forma femenina. El vestido largo hasta el suelo, que le llegaba hasta los tobillos, era perfecto para esta ocasión especial.
Max, con el rostro serio pero afectuoso, se acercó a ella lentamente. Sostenía en la mano una pequeña caja intrincadamente decorada. Abrió la caja para revelar un anillo con un diseño elegante y único. El anillo era de oro puro, con una gran piedra rectangular de color azul claro en el centro. La piedra estaba engastada en una base adornada con hojas doradas entrelazadas, dando la impresión de que la piedra era como una flor que brotaba de la base del anillo.
A ambos lados de la piedra grande había varias gemas pequeñas, transparentes y brillantes, elegantemente dispuestas para realzar la belleza del anillo. Era una gema rara y preciosa.
Max se acercó un poco más a Amelia y le puso el anillo en la mano con delicadeza. La miró profundamente a los ojos y le dijo: «Amelia, este anillo no es solo un símbolo de la belleza de nuestro amor, sino una promesa que te hago. Quiero que lo guardes siempre como un recordatorio de mi corazón, que late solo por ti. Te amo y no quiero a nadie más que a ti. Por favor, perdóname por mis errores. Empecemos de nuevo».
Max abrazó a Amelia con ternura, y ella se conmovió por la sinceridad de sus palabras y la calidez de su abrazo. Sin embargo, en su interior, sentía miedo y desconfianza. Solo estaba llevando a cabo este plan para escapar. Tenía que irse para siempre y no mirar atrás nunca más.
Respiró hondo, se calmó y preguntó con curiosidad: «Siza sigue a tu lado. ¿Cómo puedes querer un nuevo comienzo cuando todavía estás enredado en tu pasado?».
Maxwell la acercó a él, abrazándola con más fuerza mientras le susurraba amorosamente al oído: «Ahora soy un hombre nuevo. Te lo juro. Puedes confiar en mí. A partir de hoy, no me acercaré a ninguna otra mujer. Empezaremos de nuevo y te daré tu libertad».
En el fondo, Max quería terminar con Siza para siempre, revelar su verdadero yo a Amelia y hacerla su esposa ante todos. No le importaba que ella hubiera huido de la boda o que fuera la hija de su enemigo que había intentado matarlo. Solo le importaba que ella estuviera con él.
En cuanto a Amelia, había planeado meticulosamente cómo derrotarlo, marcharse y hacer añicos su posesividad y arrogancia. Él nunca la amó, y ella no se quedaría con él ni un solo momento más.
Siza estaba sentada en su habitación, sintiendo cómo la ansiedad le roía el corazón. Sabía que la misión de hoy era crucial, pero el golpe que había recibido de Max había complicado las cosas. Mientras trataba de ordenar sus pensamientos, su teléfono sonó con fuerza.
Siza cogió el teléfono, miró la pantalla y vio el nombre de Jerry Cooper. Con solo pulsar el botón, respondió con voz temblorosa: «¿Sí, Jerry?».
La voz de Jerry se oyó, tranquila pero cargada de preocupación: «Siza, Maxwell está intentando provocarte un aborto. Debes completar la misión y ayudar a Amelia a escapar de la finca hoy, como acordamos».
Siza se quedó paralizada. Sabía que Maxwell no dudaría en hacer cualquier cosa para conseguir lo que quería, pero la idea de que estuviera tratando de matar a su hijo nonato superaba sus expectativas. Intentó controlar sus nervios mientras preguntaba con voz tensa: «¿Estás seguro de esto? ¿Max está tratando de matar a mi bebé?».
Jerry respondió rápidamente: «Sí, Siza. No te sorprendas. No se detendrá ante nada. Debes completar la misión. Amelia cuenta contigo».
Siza respiró hondo, tratando de calmarse. Su corazón latía con fuerza, pero su mente funcionaba igual de rápido.
«Está bien, Jerry. Lo haré. La ayudaré a escapar».
Terminó la llamada y miró alrededor de la habitación. Un escalofrío se apoderó de su cuerpo, pero sabía que no podía sucumbir al miedo.
Se levantó de su asiento y se puso delante del espejo, mirando su reflejo. Sus ojos brillaban con determinación y su rostro mostraba una mezcla de sorpresa y resolución.
«No dejaré que controle mi vida ni la de mi hija», susurró para sí misma con voz firme.
Jerry era un hombre excepcionalmente inteligente. Había empezado su vida desde abajo, capaz de superar a Max por cientos de pasos, no solo uno.
Se sentó detrás de su escritorio, riendo a carcajadas. Había conseguido posicionar a Siza como su espía dentro de la finca de Holden, donde retenían a su hija Amelia. Se las arregló para poner a Jonathan de su lado y, lo que es más importante, se aseguraría de que Maxwell se distanciara de Amelia.
.
.
.