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Capítulo 879:
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El arrepentimiento genuino brillaba en sus ojos mientras las lágrimas corrían por su rostro.
Brenna, sin embargo, cuestionó sus motivos. Desde que regresó a la familia Harper, Alec había acudido a ella dos veces, ambas para causar problemas, llamándola despiadada y negándose a reconocer sus propios errores, incluso cuando no tenía ningún otro lugar adonde ir. Este inesperado encuentro con él ahora no parecía más que otra actuación.
Su expresión seguía fría e impasible. Entonces, para su sorpresa, Alec cayó de rodillas.
Esto tomó a Brenna por sorpresa. Incluso Lilith, que estaba a su lado, pensó que Alec había perdido completamente la cabeza.
Lilith rápidamente tiró de Brenna un poco más lejos, temiendo que Alec pudiera hacer algo imprudente y lastimarla en su estado actual.
Alec gritó, con desesperación en su voz: «¡Brenna! Sé que te fallé. Actué como un animal. Sacrificaste tanto por los Barrett y yo te traté como una máquina para hacer dinero. Todo fue culpa mía. Lo único que quiero ahora es tu perdón».
Las lágrimas le llenaron los ojos mientras la miraba, pero Brenna permaneció impasible. Su rostro seguía indiferente.
¿Eran inútiles sus lágrimas?
Alec continuó: «Mi único deseo es verte de vez en cuando. Últimamente he aprendido a cocinar y me encantaría prepararte mi sopa especial de costillas. Por favor, déjame hacer eso por ti».
Una pequeña grieta de calidez atravesó la fría apariencia de Brenna. Los años que había pasado soportando la indiferencia de la familia Barrett y viendo el verdadero carácter de las personas la habían vuelto cautelosa.
La repentina disculpa de Alec parecía deshacer un nudo que se había formado en su corazón.
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—Levántate —dijo Brenna con frialdad.
Alec se puso de pie, con la voz llena de sinceridad. —Como tu padre, nunca debí arrodillarme ante ti ni montar una escena. Te prometo que no volveré a hacerlo. La próxima vez que te vea, actuaré como debo. ¿Crees que puedes perdonarme?
Sin responder, Brenna desvió la mirada hacia el niño desconcertado que estaba cerca.
A Alec se le escapó una risa nerviosa. —Solo quiero que me perdones. Me gustaría presentarte…
Alec señaló a Seth. —Ven aquí, Seth. Te presento a tu hermana.
Seth, todavía enfadado por no haber conseguido lo que quería, permaneció inmóvil. Lila, intuyendo las intenciones de Alec, empujó suavemente a su hijo hacia delante. «Saluda a tu hermana», le dijo.
Seth se mostró reacio a saludar a Brenna como es debido hasta que Lila se agachó y le susurró al oído: «Su familia es muy rica».
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