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Capítulo 1632:
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Sandra no cerró la tienda hasta bien pasada las diez de la noche. Después, se sentó con el gerente para revisar las cifras. Los resultados eran asombrosos: más de diez millones en ventas y más de la mitad de su inventario agotado. Un rápido cálculo reveló la cruda realidad. Se enfrentaban a una pérdida de tres millones de dólares.
Y lo que era peor, su promoción de recarga de membresía había fracasado. Menos del uno por ciento de los clientes se habían inscrito.
La pérdida era demasiado para ella. Sandra había esperado sufrir un pequeño revés al principio, claro. Pero no había pensado perder tanto en un solo día.
Mientras estaba allí sentada, perdida entre las cifras y la frustración, sonó su teléfono. Era Keira.
«¡Cariño! ¿Cuánto has ganado hoy? Varios millones, ¿verdad?». La voz de Keira rebosaba emoción; estaba claramente demasiado feliz para dormir. «¡He visto a los Harper echando una mano, y al mismísimo Dalton! Oh, querida, si consigues que vuelva a tu tienda unas cuantas veces más, nadarás en dinero».
Siguió parloteando, ajena al mal humor de Sandra.
Finalmente, Sandra perdió la paciencia. «Mamá, ¿de qué estás hablando? ¡La visita de Dalton casi destruye mi tienda hoy! La multitud que trajo era una locura, ¡apenas pude evitar que todo se derrumbara! Deja de decir cosas así, no sabes de lo que estás hablando».
Sandra apenas podía contener su frustración. Perder algo de dinero era una cosa, pero ver cómo desaparecían más de tres millones en un solo día superaba todo lo que había imaginado. Solo las reformas de sus dos tiendas le habían costado cuatro millones, y había gastado otro millón y medio en inventario. En total, había perdido casi diez millones. Solo unos días antes, Jordy y ella habían invertido ciento cincuenta millones en una nueva empresa.
Ahora, apenas le quedaban treinta millones a su nombre. Claro, treinta millones seguían siendo una suma considerable, pero recuperar todo el dinero perdido no sería tan sencillo como gastarlo.
Dirigir un negocio había resultado ser mucho más difícil de lo que esperaba.
Una oleada de arrepentimiento la invadió al pensar en haber involucrado a la familia Harper, especialmente a Dalton. Si los fans de Dalton no hubieran abarrotado la tienda, no habría sufrido un golpe tan duro.
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Pensando en el futuro, planeaba volver a la normalidad una vez que terminara la promoción de tres días. El beneficio por prenda era de apenas cien a trescientos dólares. Después de pagar los salarios y las comisiones, no le quedaba casi nada. A ese ritmo, recuperar los tres millones podría llevarle años. Solo era el primer día y ya se estaba ahogando en remordimientos.
Antes pensaba que ganar unos ocho millones al año no era nada especial. Si gestionaba ella misma las tiendas, esperaba obtener no menos de veinte millones al año en beneficios. Ahora, por fin comprendía lo equivocada que había estado.
Pero era demasiado tarde para arrepentirse: el dinero ya se había esfumado. Lo único que podía hacer ahora era rezar para que los dos días siguientes no le trajeran tantas pérdidas.
Keira no paraba de hablar. «¡Las celebridades son minas de oro, te lo juro! Solo tienes que convencer a Dalton para que vuelva a aparecer un día más en tu tienda y estarás ganando dinero a espuertas. Cariño, estás destinada a triunfar. ¡Debo de haber hecho algo increíble en mi vida pasada para tener una hija como tú!».
Sandra perdió la paciencia al oír eso. «Ya basta, mamá. Tengo que revisar las cifras. Tengo que colgar». Con eso, terminó la llamada.
Cuando el día finalmente terminó, no se atrevió a afrontar el alcance total de las pérdidas. Forzando una sonrisa, despidió a su personal con alegría fingida.
«¡Hoy lo hemos petado! ¡Bonificaciones para todos este mes!».
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