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Capítulo 1178:
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Kallie asintió bruscamente.
Aunque el asunto era grave, no parecía inmediatamente urgente, pero la prolongada ausencia de Kallie debido a la amnesia había dejado vulnerable al Grupo Nixon.
Calvin había tomado admirablemente las riendas, estabilizando las operaciones y manteniendo el orden. Sin embargo, su presencia era un apaño temporal. Si Kallie seguía ausente, los rumores y las especulaciones se arremolinarían inevitablemente, amenazando la estabilidad de la empresa.
Entendiendo lo que estaba en juego, Kallie no tuvo más remedio que hacer acto de presencia esta vez. Se abstuvo de hacer preguntas mientras se dirigía a la sala de conferencias.
Los directivos de la empresa ya estaban reunidos, y su expectación era palpable.
En cuanto Kallie entró, el ambiente de la sala cambió. Sonrisas de alivio y asentimientos de aprobación saludaron su llegada, mientras que algunos rostros mostraban sutiles rastros de decepción y preocupación.
Kallie tomó nota de sus reacciones con ojo avizor. No guardaba rencor a los que tenían opiniones diferentes. Lo que realmente importaba era su competencia. Incluso si algunos albergaban intenciones ocultas, su liderazgo inquebrantable le garantizaba el control. Su sola presencia bastaba para disuadir de cualquier acción indeseada, prueba de su estilo de gestión firme pero justo.
Carraspeando para llamar la atención, Kallie se dirigió a la sala con autoridad.
La cuestión principal estaba clara: el Grupo Reeves había vuelto inexplicablemente la vista hacia el Grupo Nixon, encendiendo la tensión y la incertidumbre dentro de la empresa. Habían estado aprovechando oportunidades de negocio y reuniendo a competidores contra el Grupo Nixon.
Durante años, las empresas rivales habían sentido envidia del notable éxito del Grupo Nixon. Sin embargo, la indecisión les impedía actuar, ya fuera por falta de oportunidades o por temor a las repercusiones de ser los primeros en desafiar a una fuerza tan formidable.
Además, el firme respaldo de Kallie por parte del Grupo Morgan inicialmente, y más tarde del Grupo Reeves, había servido de poderoso elemento disuasorio, disuadiendo cualquier intento serio de socavar su imperio.
Sin embargo, el panorama había cambiado radicalmente. El Grupo Reeves, antaño un aliado fiable, se había posicionado en contra del Grupo Nixon.
Los competidores envidiosos vieron su oportunidad y se apresuraron a sabotear el Grupo Nixon, con el objetivo de desestabilizarlo y, potencialmente, fusionarlo con sus propias empresas.
Esta escalada planteaba importantes amenazas, arrojando una sombra de incertidumbre sobre el futuro del Grupo Nixon.
Para Kallie, la situación era profundamente inquietante. Se esforzaba por comprender los verdaderos motivos de Jake. ¿Su agresividad estaba motivada por la venganza? Sus descaradas tácticas parecían ineficaces: aunque sin duda perturbaban al Grupo Nixon, no bastaban para llevarlo a la quiebra. De hecho, un enfrentamiento directo entre las dos empresas beneficiaría inadvertidamente al Grupo Morgan, complicando aún más la dinámica de poder. ¿Qué pretendía conseguir Jake exactamente?
Aun así, había que resolver el problema.
Tras una larga deliberación, Kallie se dirigió a su equipo con una determinación inquebrantable: «Necesito que cada departamento se mantenga alerta. Centrémonos en ampliar nuestra base de clientes y mejorar la calidad de nuestros servicios. Mantener nuestra estabilidad interna es primordial ahora mismo. Yo me encargaré del resto».
Sin embargo, un pensamiento persistente atormentaba a Kallie: tal vez tuviera que enfrentarse a Jake, aunque fuera reacia a hacerlo. Había algo que necesitaba aclarar entre ellos. ¿Elegirían ignorar el pasado y romper todos los lazos, o se convertirían en amargos adversarios, enzarzados en una batalla interminable?
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